1. Introducción
Con esta entrada inicio una serie de publicaciones en orden a dar a conocer el contenido teórico del Trabajo Fin de Máster, del Máster Propio en Dirección de Centros Educativos Católicos, que he finalizado hace tan solo dos meses. Se trata de un pequeño trabajo de investigación titulado La enseñanza como obra de colaboración con Dios”.
Publico la primera entrada hoy, 21 de agosto, en la fiesta de San Pio X, cuyo lema pontifical fue “Instaurar todas las cosas en Cristo” . Dicho lema guarda relación con la temática de este trabajo, ya que el hecho de que la enseñanza, o cualquier otro desempeño humano, hayan de entenderse como obra de colaboración con Dios, no deja de ser una instauración de todas las cosas en Cristo.
1.1. Agradecimientos
Este máster, en su primera promoción 2022-23, y en la cual he tenido la dicha de participar, ha sido organizado por el presidente de la Fundación Educatio Servanda, Juan Carlos Corvera Córdoba, en colaboración con la Universidad San Pablo CEU. A él y al director del máster, D. Juan Antonio Perteguer Muñoz, les estoy infinitamente agradecidos por la oportunidad que me han brindado de poder participar en él.
Quiero mostrar también mi profundo agradecimiento a D. Enrique Martínez García, profesor agregado de la Universidad Abat Oliba CEU, que ha sido el director de dicho TFM y que me ha guiado en su proceso de elaboración. Por eso, para la exposición del trabajo mantendré el uso de la primera persona del plural.
1.2. Resumen
El mundo educativo atraviesa hoy una gran crisis. Creemos que, para su remedio, no sólo son necesarios unos retoques superficiales, ya que esa crisis hunde sus raíces, de modo más profundo, en una errada visión del hombre que no ésta fundamentada en Dios como su único origen y fin.
Dios es Sumo Bien y quiere manifestar y comunicar su Bondad a toda la creación, haciéndola, a su vez, partícipe de ese rasgo comunicativo y difusivo de su Bondad. De este modo, podemos decir que Dios siempre busca colaboradores para llevar a cabo la comunicación de Bien en la que consiste su Gloria.
La colaboración con Dios en esa comunicación puede realizarse de diversos modos, entre los que, la enseñanza ocupa un lugar fundamental y, más en concreto, el maestro como artífice de la misma. De este modo, y así se ha entendido a lo largo de toda la tradición católica, la enseñanza se convierte en una obra de colaboración con Dios, para la cual el maestro debe tener vocación -en sentido divino-, preparación humana e intelectual, y deseo de entrega.
1.3. Justificación del trabajo de investigación
Vivimos en un mundo que tiene una visión totalmente antropocéntrica, y en el que Dios no cuenta para nada, ni cuando se parte del prejuicio de su no existencia, ni cuando se afirma la imposibilidad de que el hombre pueda llegar a un conocimiento cierto sobre su naturaleza, ni cuando se cree que su existencia sea totalmente ajena y distante a la vida del hombre.
Nuestro mundo vive ya muy lejos del teocentrismo que caracterizó a la sociedad cristiana occidental durante muchos siglos y, sin embargo, aunque pueda pensarse en la posibilidad de un sano antropocentrismo que ponga al hombre en el centro de la creación de Dios, lo cierto es que el antropocentrismo reinante se encuentra totalmente desligado de la idea de Dios, como si se tratase de un astronauta perdido a la deriva en el espacio interestelar.
Esta visión de la realidad, que podríamos calificar de gran orfandad, empapa todos los aspectos de la vida del hombre y de la sociedad actuales, y el mundo de la educación no podría ser una excepción.
En efecto, nos parece que el mundo educativo actual camina al margen del plan providencial de Dios sobre la creación, y más concretamente sobre el hombre.
Si grosso modo consideramos la educación como una tarea que consiste en ayudar a otros a crecer integralmente en madurez y en conocimientos que sirvan para la vida -y creemos que la gran mayoría estará de acuerdo con esa definición-, cabe preguntarnos doblemente: ¿cómo desempeñar esa tarea educativa al margen de Aquel que tiene ese plan providencial al que nos referíamos? ¿acaso la vida eterna no forma parte de la vida del hombre?
Esa es la razón por la que hemos elegido este tema, en primer lugar, para mostrar que la tarea de la enseñanza ha de insertarse en el plan providente de Dios, que ha querido que el hombre sea su colaborador en la obra de la creación. Dentro de esa colaboración, la educación tiene un papel fundamental.
En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, para elaborar unos principios teóricos que puedan orientar la educación católica..
Pero antes de empezar queremos hacer una aclaración: los términos enseñar y educar los hemos utilizado a lo largo de todo el trabajo de manera indistinta.
21 de agosto de 2023.