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La indefectibilidad de la Iglesia

La indefectibilidad es una de las características más propias de la Iglesia. De hecho, el diccionario de la RAE afirma que es esta una cualidad especialmente referida a la Iglesia Católica. Esto es lo que quiso decir el Señor cuando, en la confirmación de Pedro como cabeza de la Iglesia, afirmó que el poder del infierno no la derrotaría (cf. Mt 16, 13-20).

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Todo lo que hemos celebrado durante el Triduo Santo y el tiempo de Pascua lo encontramos concentrado en este misterio del Corpus Christi, porque como reza el sacerdote en la oración colecta de esta Misa, «Cristo nos dejó en este sacramento el memorial de su pasión», muerte y resurrección, a lo que en conjunto le llamamos la Pascua del Señor.

La vida es un don de Dios

El derecho a la vida, tanto si se trata de la nuestra como de la de los demás, hemos de entenderlo en el sentido de ser algo que hemos de respetar por ser un regalo de Dios. Pero nunca podrá entenderse ese derecho en sentido absoluto como si pudiésemos disponer libremente, ni de la nuestra ni de la de los demás. Nunca podrá existir un derecho a eliminar la vida humana.

Al Resucitado lo encontramos en la Iglesia

Los evangelios que narran la resurrección del Señor nos muestran que al Resucitado lo encontramos en la Iglesia. En ellos pueden apreciarse tres modos de afrontar el misterio de Jesús de Nazaret que nos llevan a comprender la indisoluble e inseparable relación entre Jesucristo y la Iglesia, que surge por el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Resucitemos con Él

!Feliz Pascua de Resurrección para todos!, porque Cristo vive y ha resucitado. Por tanto, resucitemos con Él. Comenzamos el tiempo de la Pascua que nos llena de profunda alegría por la resurrección de Jesucristo. Él ha vencido a los tres enemigos de la alegría del hombre: la muerte, el sufrimiento y el pecado, siendo este último la causa de los dos primeros.

Ha llegado la hora

“Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”. Con estas palabras, el evangelio nos anuncia la cercanía de la Pascua, el paso del Señor de este mundo al Padre, a través de su pasión, muerte y resurrección. Estos tres misterios de la vida de Cristo he-mos de verlos siempre íntimamente unidos.

Dios está con nosotros

En el evangelio de este domingo, Jesús nos muestra la meta del itinerario cuaresmal que es la gloria. El consuelo que experimentan los tres discípulos predilectos en el momento de su transfiguración, se convierte para nosotros en guía luminosa que nos orienta en el duro camino de la vida hacia la Pascua liberadora: la pasión y la muerte dan paso a la resurrección y a la vida eterna.

Prepararnos convenientemente a la Pascua 

Con la celebración del pasado miércoles de ceniza dio comienzo el tiempo de la Cuaresma, el tiempo penitencial que nos propone la Iglesia para prepararnos convenientemente a la celebración de la Pascua del Señor, su pasión, muerte y resurrección. Pero, ¿qué significa exactamente la palabra penitencia?

Vivir la pascua

Seguimos celebrando la resurrección de Jesucristo, y no debemos olvidar que estamos por él, y con él, llamados a vivir la pascua. Para nosotros pascua debe significar el paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la resurrección, y del pecado a la vida de la gracia de los hijos de Dios.

¡Cristo ha resucitado!

¡Feliz Pascua! ¡Cristo ha resucitado! Al amanecer del primer día de la semana, al despuntar el día Jesucristo, el sol que nace de lo alto, alumbra el mundo con la luz de su resurrección. Esta es la gran noti-cia que la Iglesia nos comunica hoy a todos. Hoy celebramos el gran domingo cristiano del que participan el resto de los domingos del año.