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Peregrinos de este mundo

El próximo domingo celebraremos en la Iglesia la solemnidad de Cristo Rey. Estamos ya llegando al final del año litúrgico y las lecturas se centran en las postrimerías, en el tema del final del mundo, del juicio final, del término de la historia y de la venida en gloria de Cristo como juez de vivos y muertos. De este modo se nos recuerda que somos peregrinos de este mundo.

Qué es la verdad

Jesús nos invita a no tener miedo de transmitir la verdad del evangelio al mundo, sino a tener más bien miedo de traicionarle avergonzándonos de Él ante los demás. También les promete el cuidado amoroso de Dios Padre que no les abandonará en la persecución por la defensa de la verdad.

Acompañar al Señor

La procesión del Corpus es un verdadero acto de testimonio eclesial y de fe en la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino. El cristiano, consciente de la grandeza del misterio eucarístico, acompaña al Señor en actitud de adoración y de acción de gracias por el don de la cercanía del Dios con nosotros.

La entrada jubilosa de Jesús

Con la celebración del domingo de ramos comenzamos la semana santa, dentro aún de la cuaresma. Es esta una celebración con un sabor agridulce porque en ella celebramos la entrada jubilosa de Jesús en Jerusalén, pero también escuchamos la pasión del Señor. Jesús es bendecido al entrar en Jerusalén pero días más tarde será declarado un maldito al ser crucificado.

El agua viva de la vida eterna

En este tercer domingo de cuaresma la Iglesia nos propone a meditar el evangelio de la samaritana. En el texto evangélico se hace referen-cia al término agua en dos sentidos: uno real por el que Jesús apare-ce con sed por la fatiga del camino, y otro sentido metafórico por el que Jesús se presenta como el agua viva de la vida eterna.

Llamados a ver su gloria

En el evangelio de este segundo domingo del tiempo de cuaresma se nos narra el misterio de la Transfiguración del Señor. Momentos antes de su pasión, Jesús anticipó su resurrección a tres de sus dis-cípulos manifestándoles la gloria de su divinidad: “su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.

El final de los tiempos

Al llegar al final del año litúrgico siempre meditamos en la Iglesia sobre el final de los tiempos. Pero también cada domingo, al celebrar la Eucaristía, son dos los momentos de la liturgia en los que la Iglesia hace referencia a ese final de la historia: la profesión de la fe, y la respuesta al finalizar la consagración.

Estar para siempre con el Señor

Cuando San Pablo se dirige a los Tesalonicenses, y les habla de la suerte que corren los muertos, da una definición maravillosa acerca de en qué consiste la vida eterna, indicando que allí “estaremos para siempre con el Señor”. En la Sagrada Escritura son numerosos los pasajes que nos dicen que vivir en el cielo es “estar con Cristo para siempre”

Auméntanos la fe

En el evangelio de este domingo los discípulos le piden al Se-ñor que aumente su fe. La razón está en que Jesús les había indicado anteriormente que deben estar dispuestos a perdonar siempre al que les ofende. El Señor les responde que la fe es poderosa, y que con ella podrían hacer cosas maravillosas.

Dios premia y castiga

En el evangelio de este domingo Jesús nos muestra al rico epu-lón como modelo de hijo del mundo, y al pobre Lázaro como modelo de hijo de la luz. En esta parábola descubrimos la ense-ñanza clave que el Señor nos quiere transmitir, que Dios premia y castiga nuestras buenas o malas acciones en este mundo.