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Mendigos de Dios

El evangelio de este domingo nos invita a ser mendigos de Dios que en todo momento piden los dones corporales y espirituales pero, sobre todo, estos últimos como son los dones supremos de la fe, la esperanza y la caridad. Así lo hemos hecho al comenzar la Eucaristía en la oración colecta.

El alimento de primera necesidad

Al concluir hoy el discurso del pan de vida el Señor nos deja claro que su Cuerpo y su Sangre son el alimento de primera necesidad que nos da la salud espiritual y, por tanto, la vida eterna. En efecto, cuando el Señor nos está hablando de comer su cuerpo y beber su sangre no nos está hablando de forma simbólica o metafórica.

La fe nos descubre a Dios en su sencillez

El pasado domingo contemplábamos la admirable fe de la hemorroísa y el crecimiento de la fe de Jairo, jefe de la sinagoga, que pasó de creer en la curación de su hija a creer que Jesús podía incluso resucitarla una vez que había muerto. El evangelio de este domingo nos enseña que la fe nos descubre a Dios en su sencillez, en los demás y en las diversas circunstancias de la vida.

La fe y la oración se complementan

El evangelio de este XIII domingo del tiempo ordinario nos presenta el milagro de la resurrección de la hija de Jairo y el de la curación de la hemorroísa. Se trata de un evangelio que llama la atención porque nos muestra un milagro del Señor insertado dentro de otro, más amplio en el tiempo, que lo abraza.

La alegría de la salvación por la fe

Este cuarto domingo de cuaresma, conocido tradicionalmente como domingo laetare o domingo de la alegría porque en él se nos invita a alegrarnos por la cercanía de la Pascua. Seguimos avanzando en este tiempo de conversión y la palabra de Dios nos llena de alegría al recordarnos en el evangelio el amor de Dios Padre al darnos a su Hijo.

La cuaresma va avanzando

La cuaresma va avanzando y nos vamos acercando a la Semana Santa que culminará con la celebración de la Resurrección de Cristo y el inicio del tiempo pascual. En ese tiempo se abrirá la fuente del bautismo de nuestras parroquias para dar a luz a los nuevos hijos de Dios. También será el tiempo de las confirmaciones y de las primeras comuniones.

Un Padre santo que cuida de nosotros

Olvidar la santidad y bondad de Dios, incluso su existencia como realidad suprema, nos ha hecho olvidar que tenemos un Padre bueno y amoroso que nos cuida y está atento a nuestras peticiones y necesidades. Solo desde aquí puede entenderse lo que es la oración cristiana, como un encuentro y diálogo amorosos de la criatura con su Padre Dios.

Se acercaron con los ruegos de la fe

Los diez leprosos salieron al encuentro de Jesús cuando pasaba entre Samaria y Galilea. Sin embargo, no se atrevieron a acer-carse a Jesús y le gritaron desde lejos porque la ley no les per-mitía acercarse a los sanos. Pensaron que el maestro les recha-zaría y temieron acercarse físicamente, aunque sí se acercaron con los ruegos de la fe.

Auméntanos la fe

En el evangelio de este domingo los discípulos le piden al Se-ñor que aumente su fe. La razón está en que Jesús les había indicado anteriormente que deben estar dispuestos a perdonar siempre al que les ofende. El Señor les responde que la fe es poderosa, y que con ella podrían hacer cosas maravillosas.

No seas incrédulo, sino creyente

En este II Domingo del tiempo de Pascua el Señor nos dice como a Santo Tomás: «No seas incrédulo, sino creyente». Es una llamada a confiar en Él y en su infinito amor y misericordia que nos ofreció con su muerte en la cruz y con su gloriosa Resurrección.