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Feliz solemnidad de Pentecostés

Como el domingo de la resurrección del Señor nos felicitábamos todos diciendo “Cristo ha resucitado. ¡Feliz Pascua de Resurrección!”, ahora en esta solemnidad de Pentecostés, al concluir el tiem-po de Pascua, nos felicitamos diciéndonos unos a otros: “Cristo Resucitado nos ha dado el Espíritu Santo. ¡Feliz solemnidad de Pentecostés!”.

La vida es un don de Dios

El derecho a la vida, tanto si se trata de la nuestra como de la de los demás, hemos de entenderlo en el sentido de ser algo que hemos de respetar por ser un regalo de Dios. Pero nunca podrá entenderse ese derecho en sentido absoluto como si pudiésemos disponer libremente, ni de la nuestra ni de la de los demás. Nunca podrá existir un derecho a eliminar la vida humana.

Al Resucitado lo encontramos en la Iglesia

Los evangelios que narran la resurrección del Señor nos muestran que al Resucitado lo encontramos en la Iglesia. En ellos pueden apreciarse tres modos de afrontar el misterio de Jesús de Nazaret que nos llevan a comprender la indisoluble e inseparable relación entre Jesucristo y la Iglesia, que surge por el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Resucitemos con Él

!Feliz Pascua de Resurrección para todos!, porque Cristo vive y ha resucitado. Por tanto, resucitemos con Él. Comenzamos el tiempo de la Pascua que nos llena de profunda alegría por la resurrección de Jesucristo. Él ha vencido a los tres enemigos de la alegría del hombre: la muerte, el sufrimiento y el pecado, siendo este último la causa de los dos primeros.

Recibir el Espíritu Santo

En esta solemnidad de Pentecostés, al llegar al final de la Pascua, la Iglesia nos invita a recibir el Espíritu Santo. Seguro que el pasado domingo nos tuvieron que sorprender las palabras con las que el sacerdote inició la proclamación del evangelio “Conclusión del san-to evangelio…”, en lugar de las habituales “Lectura del santo evangelio…”.

Vivir la pascua

Seguimos celebrando la resurrección de Jesucristo, y no debemos olvidar que estamos por él, y con él, llamados a vivir la pascua. Para nosotros pascua debe significar el paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la resurrección, y del pecado a la vida de la gracia de los hijos de Dios.

Permanecer siempre en el cenáculo

Tanto en el evangelio de este III domingo de pascua, como en el del domingo pasado, Jesús nos invita a permanecer siempre en el cenáculo, el lugar donde Cristo celebró la Última Cena, donde él se les manifestó resucitado y donde, junto con María en oración, recibieron la efusión del Espíritu Santo.

¡Cristo ha resucitado!

¡Feliz Pascua! ¡Cristo ha resucitado! Al amanecer del primer día de la semana, al despuntar el día Jesucristo, el sol que nace de lo alto, alumbra el mundo con la luz de su resurrección. Esta es la gran noti-cia que la Iglesia nos comunica hoy a todos. Hoy celebramos el gran domingo cristiano del que participan el resto de los domingos del año.

La verdad de la resurrección

Seguimos preparándonos para celebrar la Pascua del Señor. Si en el evangelio de la Samaritana de hace dos domingos estuvimos contemplando el signo del agua y en el evangelio de la semana pasada el signo de la luz, en este V Domingo de Cuaresma nos fijamos en otro elemento clave de la iniciación cristiana: la verdad de la resurrección.

Llamados a ver su gloria

En el evangelio de este segundo domingo del tiempo de cuaresma se nos narra el misterio de la Transfiguración del Señor. Momentos antes de su pasión, Jesús anticipó su resurrección a tres de sus dis-cípulos manifestándoles la gloria de su divinidad: “su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.