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Dios está con nosotros

En el evangelio de este domingo, Jesús nos muestra la meta del itinerario cuaresmal que es la gloria. El consuelo que experimentan los tres discípulos predilectos en el momento de su transfiguración, se convierte para nosotros en guía luminosa que nos orienta en el duro camino de la vida hacia la Pascua liberadora: la pasión y la muerte dan paso a la resurrección y a la vida eterna.

Prepararnos convenientemente a la Pascua 

Con la celebración del pasado miércoles de ceniza dio comienzo el tiempo de la Cuaresma, el tiempo penitencial que nos propone la Iglesia para prepararnos convenientemente a la celebración de la Pascua del Señor, su pasión, muerte y resurrección. Pero, ¿qué significa exactamente la palabra penitencia?

La verdad de la resurrección

Seguimos preparándonos para celebrar la Pascua del Señor. Si en el evangelio de la Samaritana de hace dos domingos estuvimos contemplando el signo del agua y en el evangelio de la semana pasada el signo de la luz, en este V Domingo de Cuaresma nos fijamos en otro elemento clave de la iniciación cristiana: la verdad de la resurrección.

La cuaresma va avanzando

La cuaresma va avanzando y nos vamos acercando a la Semana Santa que culminará con la celebración de la Resurrección de Cristo y el inicio del tiempo pascual. En ese tiempo se abrirá la fuente del bautismo de nuestras parroquias para dar a luz a los nuevos hijos de Dios. También será el tiempo de las confirmaciones y de las primeras comuniones.

El agua viva de la vida eterna

En este tercer domingo de cuaresma la Iglesia nos propone a meditar el evangelio de la samaritana. En el texto evangélico se hace referen-cia al término agua en dos sentidos: uno real por el que Jesús apare-ce con sed por la fatiga del camino, y otro sentido metafórico por el que Jesús se presenta como el agua viva de la vida eterna.

Llamados a ver su gloria

En el evangelio de este segundo domingo del tiempo de cuaresma se nos narra el misterio de la Transfiguración del Señor. Momentos antes de su pasión, Jesús anticipó su resurrección a tres de sus dis-cípulos manifestándoles la gloria de su divinidad: “su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.

El desierto cuaresmal

El pasado miércoles de ceniza comenzamos el tiempo de cuaresma, cuyo primer domingo celebramos hoy, y con el que Jesús quiere introducirnos en el desierto cuaresmal, un tiempo propicio para la conversión del corazón y para prepararnos a celebrar la Pascua del Señor: su pasión, muerte y resurrección.

III Domingo del Tiempo de Cuaresma (C)

El Señor, en la parábola de la higuera que no da fruto, nos muestra el descontento del dueño de la viña al comprobar su infecundidad después de tres años de espera. Pero el viñador, que seguramente ya llevaría tiempo cuidando con desvelo la higuera, quiere intentarlo una vez más con la esperanza de que pueda dar fruto de nuevo.

II Domingo del Tiempo de Cuaresma (C)

No temamos. Jesús nos acompaña en este desierto cuaresmal de la vida donde, entre sombras y luces, sufrimientos y gozos, vamos participando cada día de la muerte y la resurrección de Cristo, para que el bautismo vaya dando frutos de vida eterna en nosotros.

I Domingo del Tiempo de Cuaresma (C)

Al iniciar este tiempo de cuaresma, no queramos vivirlo solos ni nos sintamos solos. Él ora y ayuna con nosotros, él sufre y goza con nosotros. Y donde no llegamos nosotros, llega él por nosotros. Por eso es muy importante que cultivemos la unión de amor con él, para que, participando cada día en su muerte, podamos participar también cada día de su resurrección.