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Más divinos y más humanos

Al acercarnos a la celebración de la Navidad descubrimos como las virtudes teologales nos hacen más divinos y más humanos. La centralidad de María, acompañada de José, en estos últimos días del adviento nos muestra que las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- hacen al hombre no solo más divino sino también más humano.

Prepararnos con alegría a la venida de Cristo

La liturgia de este tercer domingo de adviento Gaudete nos invita a prepararnos con alegría a la venida de Cristo en la Navidad. A veces puede parecernos que la Palabra de Dios es abstracta, como si no nos hablara de nuestra vida real. Nada más lejos de la verdad. En el evangelio de este domingo aparece la gente preguntando a Juan Bautista: “¿Qué tenemos que hacer?”.

Dios viene a morar en nosotros

Celebramos hoy el IV domingo de adviento. Esta noche será navidad y sabremos que Dios viene a morar en nosotros. Ha querido el Señor en su providencia que justo el último domingo de adviento coincida con el veinticuatro de diciembre, justo antes de la navidad y que, por tanto, el adviento haya sido muy corto este año.

Domingo Gaudete

Con la celebración de este III domingo del tiempo del adviento, co-nocido también como domingo gaudete, nos situamos ya en la mitad del camino hacia la Navidad. Gaudete es la palabra latina con la que comienza la antífona de entrada de este domingo, que se traduce por alegraos, y con la que San Pablo nos recuerda la presencia ya cercana del Señor.

Preparar el camino del Señor que viene

Con el comienzo del nuevo año litúrgico comenzamos la lectura del evangelio de san Marcos, cuya lectura continuada meditaremos con abundancia a lo largo de todo el año. Y en sus primeros versículos, que se corresponden con el evangelio de este domingo, se nos invita a preparar el camino del Señor que viene.

Un nuevo año litúrgico

Comenzamos con este primer domingo de adviento un nuevo año litúrgico en el que somos invitados a crecer en la esperanza en el Dios que viene a salvarnos. Podríamos decir que el año litúrgico es el tiempo que Dios quiere dedicarnos a cada uno de nosotros. Para ello, ha querido entrar en nuestra historia por la encarnación y el nacimiento de su Hijo.

Dios con nosotros

Nos acercamos ya a la celebración de la Navidad. Estamos próximos al cumplimiento de las promesas de Dios que, por la Encarnación, se ha convertido en el Dios con nosotros. Durante este tiempo de adviento se nos vienen anunciando las promesas del Señor: “viene en persona y os salvará” (Is 35, 4), dice el profeta Isaías.

Domingo de gozo

Al llegar este domingo al meridiano del tiempo del adviento cele-bramos hoy el domingo de gozo o “gaudete” en latín, en referencia a las palabras que con las que San Pablo nos anima a seguir cami-nando al encuentro de Cristo que viene: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegros. El Señor está cerca”.

La historia no es cíclica

Aunque el domingo pasado comenzamos un nuevo año litúrgico, sin embargo, debemos tener claro que la historia no es cíclica ni está siempre como repitiéndose. Más bien, al contrario, la concepción cristina de la historia es lineal porque Cristo ha convertido el enredo de una historia de pecado y de muerte en historia de salvación.

La salvación está ya cerca

Este domingo comenzamos el Tiempo del Adviento y también un nuevo año litúrgico. Es un tiempo de esperanza para prepararnos a la venida de Cristo en la Navidad. Como nos dice San Pablo, dejemos las actividades de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Que en este tiempo nuestro clamor sea: “Ven Señor, Jesús. Ven pronto”.