La puerta dorada

La puerta dorada

Cuando se visita Tierra Santa, al acercarse a Jerusalén, a los peregrinos se les muestra la puerta dorada, una de las ocho puertas que dan acceso a la ciudad santa. Esta es la octava puerta, la más antigua de todas, que fue tapiada en el año 1541 por el sultán Solimán porque, según la tradición judía, será la elegida por el Mesías para liberar la ciudad en su segunda venida, el Día del Juicio Final.

Evangelio del Domingo de Ramos 2024 (B)

Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».

Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?».

Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.

Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».

Mc 11, 1-10

La puerta dorada

De esa entrada en la ciudad sagrada nos habla el salmo 23, escrito hace unos 1.000 a. de C.: “¿Quién puede estar en el recinto sacro?… El hombre de manos inocentes, y puro corazón… Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación… ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria”.

Ese Rey de la gloria es Jesucristo, que entró por esa puerta el domingo de ramos y volverá a hacerlo en su segunda venida. El arte cristiano ha representado siempre esa entrada de Jesús el domingo de ramos junto a los fariseos y los escribas intentando bloquear esa puerta. Quizás por eso Jesús les dijo en una ocasión: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos!, y vosotros ni entráis, ni dejáis entrar”1Mt 23, 13.

Nosotros podemos recordar aquí las palabras de S. Juan Pablo II al mundo entero al inicio de su pontificado: “¡Abrid de par en par las puertas a Cristo Jesús”. Es la invitación que nos hace hoy la Iglesia al iniciarse la Semana Santa.

¿Cómo hacerlo? Pues el arte cristiano ha representado también esta entrada de Jesús con niños con rostros de adultos. Los niños no aparecen en el evangelio, pero sí la invitación de Jesús: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”2Mt 18, 3.

Para abrir la puerta de nuestro corazón a Cristo Redentor, hemos de hacernos como niños y tener la sabiduría y la inocencia de los sencillos. Rindamos nuestros corazones al paso del Señor como aquellos hombres “alfombraron el camino con sus mantos” para que pasase el “hijo de David”, el que “viene en el nombre del Señor”.

24 de marzo de 2024.

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  • 1
    Mt 23, 13
  • 2
    Mt 18, 3