La vocación y la evangelización

La vocación y la evangelización

Dos temas fundamentales aparecen en las lecturas de la liturgia de este quinto domingo del tiempo ordinario: la vocación y la evangelización.

Evangelio del V Domingo del T. Ordinario 2025 (C)

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».

Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».

Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Lc 5, 1-11

La vocación

Además de estar todos llamados por Dios a una vocación -universal- a la santidad, todos y cada uno de nosotros somos llamados a una vocación -particular- que ha de materializarse en un estado de vida concreto en el que puede realizarse nuestra vocación de santificación, bien sea en el matrimonio, en el sacerdocio o en la vida consagrada y religiosa.

En las lecturas aparecen elementos comunes a la vocación de Isaías, Pablo y Pedro. En primer lugar, la indignidad del que es llamado, porque ninguno de nosotros somos dignos por nuestra pequeñez y nuestro pecado. En segundo lugar, la iniciativa de Dios que es quien nos llama a ser sus colaboradores. En tercer lugar, la sanación y dignificación que Dios hace con su gracia en nosotros para que podamos ser verdaderos testigos suyos, para lo cual es necesario ser santificados y dignificados por él.

Por último, y lo más importante de todo, también aparece la relación de la llamada con la Palabra de Dios, que ha de ser –en este orden- escuchada y obedecida con confianza.

La evangelización

Aparece también, especialmente en el evangelio, como la vocación a la que estamos llamados no consiste solo en la propia santificación y seguimiento de Cristo, sino que incluye también la llamada a la evangelización, es decir, a colaborar con Él para que otros puedan descubrir su vocación a la que también Dios les llama. De hecho, no se trata de dos cosas diferentes, sino que nuestra santificación se realiza en la medida en la que somos evangelizadores.

Ahora bien, la evangelización experimenta hoy en día la dificultad de predicar en un mundo cuya cultura podríamos calificar como cultura de la sospecha por la falta de confianza en los mensajes evangélicos que la Iglesia pretende transmitir.

Así, por ejemplo, si el evangelio de hoy fuese publicado en redes sociales, podríamos encontrar muchos mensajes de incomprensión y manifestaciones del tipo: “estos nos quieren pescar y envolver en sus redes y también “estos se creen que somos borregos”, por aquello de los peces, las redes y la pesca.

La evangelización se encuentra, por tanto, con los prejuicios de una sociedad que sospecha ampliamente acerca de las verdades últimas.

Cómo superar las dificultades de la evangelización

Por ello, es importante que no perdamos la sencillez evangélica en nuestra predicación que hace del evangelio, incomprensible para muchos, pero siempre atrayente.

Para ello, hemos de creer firmemente el evangelio que predicamos y en su potencia salvífica interior que no viene de nosotros sino de la gracia de Dios que actúa en los corazones.

Fundamental es también que imitemos la paciencia de Dios, mucho más, cuando a nosotros solo nos toca sembrar. Es al Señor al que le corresponde que esa semilla de la Palabra de Dios de fruto. En esto nos puede ayudar mucho el ejemplo de los santos que, buscando siempre en todo la voluntad de Dios, se abandonaron totalmente en sus manos con confianza.

Por último, alguien ha dicho que quizás no es tiempo de echar las redes sino de echar la caña. Con esa expresión se nos quiere mostrar la importancia del tú a tú, es decir, de una evangelización del trato personal, sin prisas y con corazón.

9 de febrero de 2025.