El amor de los hombres, limitado e imperfecto, ha de ser sostenido con el vino del amor de Cristo. Así podemos comprenderlo a la luz del primero de los milagros que realizó el Señor, el de la conversión del agua en vino en las bodas de Caná.
Evangelio del II Domingo del T. Ordinario 2025 (C)
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino».
Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Jn 2, 1-12
El signo de Caná
Sabemos que el evangelio de san Juan es el más profundo de los cuatro evangelios porque en él, las palabras y las obras del Señor -narradas con un cierto tono de misterio- remiten siempre a una realidad más profunda. Por eso, en este evangelio los milagros de Jesús son denominados más bien como signos, al hacer referencia a otras realidades significadas por esos milagros.
El milagro sucede en el ambiente de una boda de cuyos esposos no se nos da ninguna identidad, aunque estos tenían que ser parientes o amigos muy cercanos a Jesús, María y los discípulos, pues todos habían sido invitados.
En un momento determinado faltó el vino en la boda. Y entonces María, pendiente de lo que estaba sucediendo y de la trascendencia de lo que eso podría llegar a significar, acude a Jesús y se hace saber como pidiéndole que haga algo. Tres cosas son misteriosas en la respuesta que Jesús da a María.
En primer lugar, Jesús se refiere a María como mujer,como si fuera una desconocida. También en el calvario volverá a hacer lo mismo cuando le diga “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Este término solo aparece en la biblia, además de en este evangelio, en el libro del Génesis referido a Eva.
En segundo lugar, la pregunta de Jesús “qué tengo que ver contigo” nos llama la atención, siendo María su madre, con quien ha convivido hasta la fecha durante treinta años.
En tercer lugar, Jesús habla misteriosamente de una hora que aún no ha llegado, cuando se le está hablando de un problema -la falta de vino- concreto y presente en el momento mismo de la boda.
Los Santos Padres de la Iglesia han comprendido este milagro del Señor como un signo que hace referencia a la realidad más profunda del misterio de la redención que se llevó a cabo en el calvario. Allí, llegada la hora, el nuevo Adán -Jesucristo- y la nueva Eva -María-, por la fuerza del amor, mediante un nuevo vino -la sangre de Cristo-, dieron a luz una nueva humanidad, con la cual Cristo quedó desposado para siempre.
El vino del amor de Cristo
El signo está haciendo referencia al amor con el que Cristo redimirá a los hombres, y no tener vino significa, por tanto, no tener el amor de Dios.
El hombre vive en un drama continuo. Por un lado, está llamado al amor, a vivir del amor y para el amor, y esto en grado máximo, con una sed infinita de amor. Por otro lado, el hombre experimenta en el amor las limitaciones propias de la finitud humana y las imperfecciones que la herida del pecado manchan el amor tornándolo en egoísmo.
De este modo, agotado el amor humano con sus limitaciones e imperfecciones, necesita el hombre el vino del amor de Cristo que es sin duda el amor bueno y mejor. Solo el vino del amor de Cristo puede llenar nuestras relaciones -de amistad o esponsales- del verdadero amor.
María nos proporciona el vino bueno
La presencia de María que intercede ante Cristo, nos muestra un camino que nosotros hemos de seguir en el perfeccionamiento de nuestra vocación al amor -al de Dios y al prójimo-, en definitiva a la santidad. María es el camino que nos conduce a Cristo.
19 de enero de 2025.