Necedad y sabiduría son dos conceptos opuestos que se utilizan habitualmente en el pensamiento teológico judeocristiano y que aparecen en las lecturas de la Palabra de Dios de este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ambos hacen referencia a dos modos contrapuestos de vivir la vida respecto de Dios.
Evangelio del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario 2022 (C)
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
Lc 12, 13-21
Necedad y sabiduría
El término necedad es un término que usamos poco en nuestro lenguaje habitual. Quizás usemos más uno de sus sinónimos, el de locura. En efecto, solemos decir que alguien que no actúa con sentido común está loco, y lo hacemos diciéndole: “¡estás loco!”.
En el evangelio, este término lo utiliza este domingo el Señor en la parábola del hombre rico que después de una gran cosecha quiso construir nuevos graneros para guardarla y darse a la buena vida. Jesús le dice: “¡Necio! Esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será todo lo que has preparado?”. Así es de loco, dice Jesús, “el que atesora en este mundo para sí”, y San Pablo en la segunda lectura, “el que aspira a los bienes de la tierra”.
El término sabiduría no aparece directamente en las lecturas pero se sobreentiende por contraposición al de necedad cuando se nos dan los consejos sabios para que el hombre sepa vivir y pueda alcanzar la vida eterna.
Así, en la primera lectura, el mismo libro de la Sabiduría nos invita a interrogarnos sobre el sinsentido de las preocupaciones de la vida: “¿Qué saca el hombre con los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?”, porque según el salmo “La humanidad, los hijos de Adán, son como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca”. Esto debe entenderse bien: Dios nos invita a vivir ocupados en las cosas de este mundo pero no preocupados. Nuestro corazón debe estar puesto en Dios como en lo más importante y nada nos debe quitar la paz.
San Pablo, siguiendo a Cristo, nos da este consejo sabio en la segunda lectura: “Guardaos de toda clase de codicias”. “Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”. Es sabio “el que es rico ante Dios, el que busca los bienes de allá arriba donde está Cristo”.
Por último, el Papa Francisco nos daba también recientemente un pensamiento sabio que nos puede ayudar en nuestra reflexión personal: “Nunca he visto un féretro en procesión al cementerio acompañándole detrás el camión de las mudanzas”.
31 de julio de 2022.