XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (B)

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

– «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús:

– «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó:

– «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

– «No estás lejos del reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Mc 12, 28b-34

El «único» mandamiento

En el evangelio de este domingo se nos muestra a un escriba preguntando a Jesús por el mandamiento más importante de la Ley de Dios. La respuesta de Jesús nos indica cuál es el centro de su vida y de su predicación: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

Se trata del primero de los diez mandamientos revelados y entregados por Dios a su pueblo a través de Moisés. No es simplemente el primero de la lista, sino que es el más importante y el que contiene a los otros. En efecto, cuando se cumple este primer mandamiento, que incluye al segundo y al tercero, se están cumpliendo también los otros siete que se resumen en el amor al prójimo.

Pero estos mandatos del Señor no son un antojo del Señor, sino que se corresponden con la naturaleza misma del hombre, es decir, con lo que el hombre es, con la misma ley natural: el ser humano ha sido creado para amar y ser amado, y solo ahí encuentra su plenitud y felicidad. Por tanto, cuando el Señor revela sobrenaturalmente a su pueblo los mandamientos, no lo hace como el que crea unas normas, sino como el que nos da unas normas de cómo funciona la criatura que él ha creado. Dicha revelación es una aclaración que para el hombre es imprescindible, ya que la razón humana está herida por el pecado y no siempre distingue correctamente lo que le hace bien de lo que le hace mal.

Por último, estos mandamientos que se nos han revelado como algo que se corresponde con lo que naturalmente hace bien al hombre, han sido llevados a plenitud por Jesucristo por tres motivos: porque él los cumple a la perfección, porque él nos exige más de ellos al pedirnos que no los cumplamos como mero trámite sino desde el amor, y porque él nos da la gracia necesaria para que podamos cumplirlos.

31 de octubre de 2021.