Ven Señor Jesús
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.
Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»
(Mc 13, 24-32)
“Anunciamos tu Reino, proclamamos tu resurrección; ¡Ven Señor Jesús!”. Así respondemos en cada Misa al concluir la consagración del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Tras hacerse presente el Señor en el altar por manos del sacerdote, todo el Pueblo de Dios aclama con gozo al que era, es y será siempre Rey del Universo. Es la venida de Cristo bajo las apariencias de pan y vino, advenimiento en humildad, como en su primera venida en Belén de Judá.
Pero esta alabanza anhela, con un “Ven Señor Jesús”, una segunda venida en gloria y majestad: “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad”. Es la promesa de Jesús que cada domingo profesamos en el credo: “está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”.
Y “no pasará esta generación antes que todo se cumpla”, porque dice también “cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. “Generación” que no se refiere a los apóstoles, ya que ellos murieron antes de la caída de Jerusalén, sino a los cristianos y a la Iglesia, que son la nueva generación que Cristo y María, Nuevo Adán y nueva Eva, han dado a luz en el Calvario.
Esta venida de Cristo será para los justos como el verano después del invierno y para los pecadores como el invierno después del verano. Por eso, no temamos ante ninguna dificultad, sino estemos en vela esperando su venida.