Una Boda dentro de otra boda
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino».
Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
(Jn 2,1-12)
En este domingo, ya del tiempo ordinario, contemplamos en el evangelio el milagro de las Bodas de Caná. Es éste el primero de los signos que realizó Jesús y, como dice San Juan, con él “manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él”.
Este milagro de Jesús forma una unidad junto a su manifestación a los magos de oriente y junto a su Bautismo. Los tres acontecimientos son una manifestación o epifanía de la divinidad de Jesús. De hecho, en oriente, la Iglesia celebra dichos acontecimientos en una sola fiesta, la solemnidad de la Epifanía del Señor.
Los magos de oriente representan a las naciones extranjeras que, en su búsqueda y adoración del Mesías y Salvador, reconocen en ese niño al que es verdadero Dios que ha venido a salvar a todos los hombres.
En el bautismo de Jesús, Juan el Bautista le muestra al Pueblo de Israel como el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y el Padre confirma su misión: “este es mi Hijo amado; escuchadle”.
En la boda de Caná, al realizar su primer signo, Jesús manifiesta su divinidad a sus discípulos, una divinidad que durante treinta años ha estado como escondida.
Por tanto, con la celebración de este domingo se completa la manifestación de Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre: al antiguo Pueblo de Dios (los judíos), al nuevo y actual Pueblo de Dios (la Iglesia) y a todos aquellos que, no conociendo aún a Jesucristo, están llamados formar parte de la Iglesia.Que María, la madre de Jesús que aparece intercediendo en este acontecimiento de la boda de Caná con el “haced lo que él os diga”, atraiga a todos los hombres a Jesucristo y a su Iglesia, verdaderos Esposo y Esposa de esta boda. Por eso decimos las boda(s) de Caná. Porque son dos bodas: la de Caná y la de Jesús con la Iglesia.
16 de enero de 2022.