Estamos llamados a conocer a Dios cada día más, al Dios uno y trino, misterio nunca conocido del todo por nosotros, y al que celebramos en esta solemnidad de la Santísima Trinidad.
Evangelio del Domingo de Pentecostés 2023 (A)
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Jn 3, 16-18
La queja de Dios
Hay en el evangelio unas palabras de Jesús que las solemos citar pocas veces y que él pronuncia justo después de la multiplicación de los panes: “Os aseguro que me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido hasta saciaros”1Jn 6, 26.
Se trata de una queja de Jesús, que brota desde lo más íntimo de su corazón, y en la que nos hace un reproche que muchas veces puede aplicarse a nuestras vidas. ¡Cuántas veces buscamos a Dios no por sí mismo, sino por un interés practicista o instrumental!
Un pensador actual canadiense, Charles Taylor, dice que uno de los malestares de la cultura de la modernidad en la que vivimos es que el hombre de hoy se rige en todo por la exigencia de obtener la máxima utilidad y rendimiento, dejando a un lado los criterios vitales del hombre2C. TAYLOR, La ética de la autenticidad, Ed. Paidós (1994).
Es verdad que el criterio de utilidad, de lo que más útil es en este momento, ha de tenerse en cuenta. Sin embargo, en las relaciones personales, con Dios y con nuestro prójimo, el criterio ha de ser siempre la gratuidad y el amor. Así nos lo ha enseñado Jesús con sus palabras, ejemplos y obras.
Por eso, al celebrar esta solemnidad, uno podría decir: “Yo creo en Dios, sí. Creo en la Santísima Trinidad. Pero a mí, ¿eso qué me dice?”. Y podría añadir: “¿Para qué me sirve eso?”. Ahí está: “¿Para qué me sirve eso? ¿Cuál es su utilidad?”.
Conocer a Dios cada día más
Conocemos historias tristes de hijos que, por las circunstancias que sean, no han sabido nunca quién es su padre. Esas historias tienen algo en común: que esas personas desearían saber quién es su padre y conocerlo. De hecho, en muchas de esas historias, llegada cierta edad, los hijos comienzan la búsqueda de sus padres.
Algunas de esas historias acaban felizmente, incluso en las que esa situación se había producido por un comportamiento no tan bueno de los padres, cuando por fin sucede el encuentro entre padre e hijo. Entonces, para esas personas comienza una nueva vida, un nuevo caminar en el que padre e hijo caminan ya para siempre juntos en el crecimiento de un conocimiento y amor mutuos.
¿Acaso no son esas historias una imagen de la vida del hombre que busca a Dios Padre? ¿Un Dios nunca conocido del todo y al que deseamos conocer cada día más?
El Dios, uno y trino
El misterio de la Santísima Trinidad siempre será un misterio para nosotros. Pero ese misterio se ha abierto para nosotros en el momento en el que el Dios ha querido salir de sí mismo al encuentro del hombre.
En efecto, Dios Padre nos ha enviado a su Hijo para que haciéndose hombre y entregando su vida por nosotros nos revele el misterio de Dios y nos conduzca de nuevo a la casa paterna. Sucede, sin embargo en esta historia, que aunque es verdad que el hombre busca a Dios, es Dios mismo quien primero ha salido al encuentro del hombre, su hijo perdido por el pecado.
Ahora, una vez que Jesucristo ha resucitado y ha ascendido a los cielos, será el Espíritu Santo el que haga posible conocer esta historia de amor con final feliz que los cristianos llamamos: la historia de la salvación. Conociendo esta historia, sin duda que ahora ya no podremos decir que para qué me sirve saber que Dios es Trinidad, porque esta es la historia de mi vida.
La madre junto al Padre
Por último, hay que decir que donde hay un padre por conocer siempre hay una madre a la que también conocer. En el detalle del cuadro3Bartolomé Esteban Murillo, El regreso del Hijo pródigo, década de1660 de este post vemos como Murillo, el gran pintor barroco español, supo descubrir esta idea y la plasmó pictóricamente poniendo a la Virgen María junto al Padre que encuentra al hijo pródigo.
4 de junio de 2023.
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- 1Jn 6, 26
- 2C. TAYLOR, La ética de la autenticidad, Ed. Paidós (1994)
- 3Bartolomé Esteban Murillo, El regreso del Hijo pródigo, década de1660