Dios debe serlo todo para nosotros

Dios debe serlo todo para nosotros

El evangelio de este domingo quiere hacernos caer en la cuenta de que Dios debe serlo todo para nosotros.

Evangelio del XIII Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Mt 10, 37-42

El evangelio tiene como dos partes que, en principio, parecen tratar temas diferentes. Sin embargo, podemos encontrar entre ellas una conexión.

Las primeras palabras son una máxima evangélica del Señor que siempre nos impresiona oir: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”.

Pero Jesús no nos pide que no amemos a nuestros padres o a nuestros hijos. Al contrario. Hay un mandamiento que tiene como única finalidad la de proteger el amor que debe darse entre padres e hijos.

Dios debe serlo todo para nosotros

Lo que Jesucristo nos pide es que sepamos situar ordenadamente cada cosa en su sitio, situándole a Él en el centro de todo -de modo absoluto- y al resto de las cosas en relación a Él.

No dice que no haya que amar a los hijos, sino que no se deben amar más que a Dios. Tampoco dice que haya que amar a los hijos un rato, y un rato mayor a Dios. No se trata de tiempo, ni tampoco de dedicación o de dar cosas. Se trata de que todo esté armoniosamente relacionado, con Dios en el centro.

La clave nos la pueden dar las palabras que dice Jesús a continuación: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí…”, palabras en las que viene a decirnos que hay como una presencia de Dios en todas las cosas: los discípulos, el profeta, el justo, el pequeño, …

Puede decirse, por tanto, que todas las cosas gozan de una cierta sacramentalidad -siendo los sacramentos unos signos visibles que evocan una realidad invisible-. En efecto, en cada persona, en cada cosa, etc., debemos saber descubrir la presencia de Dios, de manera que todo lo amemos desde Dios y al amar las cosas le amemos a Él a través de ellas.

De este modo, los padres, los hijos, la salud y la misma vida, todo debe ser amado por amor de Dios con el amor de Dios.Una imagen que nos puede ayudar a entender esto es la imagen del regalo. Podemos amar un regalo que nos hacen, y de hecho es de agradecidos hacerlo así. Pero hemos de amar más al que nos hace el regalo que al regalo mismo. De este modo, si vemos todas las cosas como regalo de Dios, sabremos amarlas como venidas de Dios, sin dejar por ello de amar a Dios.

2 de julio de 2023.

Author: P. César Gallardo de Gracia

Sacerdote Católico de la Archidiócesis de Toledo (España)