La fe nos descubre a Dios en su sencillez

La fe nos descubre a Dios en su sencillez

El evangelio de este domingo nos enseña que la fe nos descubre a Dios en su sencillez en los demás y en las diversas circunstancias de la vida.

Evangelio del XIV Domingo del T. Ordinario 2024 (B)

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».

Y se escandalizaban a cuenta de él.

Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Mc 6, 1-6

El pasado domingo contemplamos la admirable fe de la hemorroísa, que obtuvo del Señor la curación de su enfermedad, y el crecimiento de la fe de Jairo, jefe de la sinagoga, que pasó de creer en la curación de su hija a creer que Jesús podía incluso resucitarla una vez que había muerto.

En este XIV domingo del tiempo ordinario sentimos la queja del Señor por la incredulidad de los que, a pesar de sus sabias palabras y grandes milagros, se negaban a creer en él.

En efecto, Jesús regresó con sus discípulos a Nazaret, donde había crecido y vivido la mayor parte de su vida, donde se encontraban sus parientes y conocidos. Debería haber sido un momento gozoso que, sin embargo, se convirtió en un momento trágico porque no pudo hacer allí ningún milagro por la falta de acogida y de fe. Sus palabras, “nadie es profeta en su tierra”, manifiestan el dolor de su corazón ante esa actitud de los suyos.

Y es que hay una tendencia en nosotros a pensar que las cosas importantes tienen que ser muy vistosas, ruidosas y complejas, lo cual es muy contrario al actuar de Dios que, sin embargo, es muy sencillo y cercano a nosotros.

Por ejemplo, lo más grande que puede sucedernos es que vivamos en gracia de Dios, es decir, que Él more en nuestro corazón, que viva en profunda amistad de amor con nosotros. En cambio, cuando no suceden cosas grandes o extraordinarias en nuestra vida, pensamos que Dios está lejos de nosotros.

Pero esto no es verdad. Dios está muy cerca de nosotros, en nuestro prójimo, en las circunstancias cotidianas de nuestra vida. Lo expresa san Agustín en sus confesiones cuando se dio cuenta de esto y exclamó: “Tarde te amé. Tú estabas dentro de mí y yo te buscaba fuera”.

Otro ejemplo. Qué sencillos son los sacramentos y, sin embargo, en ellos está presente y actúa el Señor: el agua del bautismo que nos hace hijos de Dios, las especies del pan y del vino bajo las que en la Eucaristía se encuentra la presencia real de Cristo vivo y resucitado, las palabras del sacerdote que nos perdonan los pecados, etc.

Pidamos la gracia de tener sensibilidad sobrenatural -la fe necesaria- para saber descubrir la presencia salvífica de Dios en nuestras vidas. Él está mucho más cerca de nosotros de lo que creemos. “Con vosotros está y no le conocéis”1Jn 1, 26.

7 de julio de 2024.

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  • 1
    Jn 1, 26
Author: P. César Gallardo de Gracia

Sacerdote Católico de la Archidiócesis de Toledo (España)