En el Monte de los Olivos, en Tierra Santa, una Iglesia llamada Dominus Flevit -“El Señor lloró”– recuerda el acontecimiento de las lágrimas de Jesús al acercarse a Jerusalén momentos antes de padecer por nosotros1cf. Lc 19, 41-44. Esas lágrimas manifiestan la pena del Señor ante la falta de correspondencia de su Pueblo, ante el rechazo de su palabra y de su gracia salvadora.
Evangelio del XV Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga».
Mt 13, 1-9
También nosotros podemos rechazar a Jesús en nuestra vida. ¿Cómo puede suceder esto? La parábola del sembrador del evangelio de este XV domingo del tiempo ordinario nos muestra tres formas con las que habitualmente podemos rechazar al Señor.
En primer lugar, la indiferencia. La semilla que cae al borde del camino o entre piedras hace referencia a la falta de fe, esperanza y caridad con la que muchas veces vivimos los cristianos cuando lo esperamos todo de nosotros mismos, y vivimos sin hambre y sed de Dios. Éste, dice la M. Teresa de Calcuta, es el mayor de los pecados del hombre de hoy.
La segunda forma de rechazo es la inconstancia. A veces acogemos al Señor en nuestra vida con entusiasmo pero, según pasa el tiempo, los afanes de la vida, las dificultades y la cruz nos hacen ser inconstantes y, faltándonos la perseverancia en la vida cristiana, dejamos de seguirle plenamente.
Por último, la incoherencia. Muchas veces queremos seguir al Señor como jugando a dos bandas, sirviendo a dos señores a la vez. Por un lado queremos seguirle pero, por otro lado, queremos quedar bien con todos o tenemos miedo al qué dirán.
Los enemigos del alma
Precisamente, estos tres modos de rechazar a Jesús se corresponden con lo que la espiritualidad cristiana ha denominado tradicionalmente como los enemigos del alma. El demonio que nos roba la fe, la esperanza y la caridad que nos hacen indiferentes a lo espiritual; la carne o nuestra naturaleza herida y sus pasiones desordenadas que nos empujan a la inconstancia; el mundo que, entendido como oposición egoísta exterior a nosotros, nos conduce a la incoherencia en la vida cristiana.
El Señor lloró
Comentando esta parábola del sembrador, Benedicto XVI decía que se trata de una especie de autobiografía de Jesús en la que él nos muestra los sentimientos de su corazón cuando no le acogemos totalmente en nuestra vida. Esos sentimientos están plenamente reflejados en las lágrimas de Jesús al llegar a Jerusalén.
16 de julio de 2023.
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- 1cf. Lc 19, 41-44