La historia de la salvación

La historia de la salvación

Las lecturas de la liturgia de este domingo son una narración que resume la historia de la salvación, tanto de la creación como de la redención.

Evangelio del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.

Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Mt 21, 33-43

La historia de la salvación

En evangelio se nos habla en parábola de una viña que, según San Jerónimo y citando a Isaías, representa a la casa de Israel y que, para nosotros, hace referencia perfectamente a la Iglesia y a la humanidad del pasado y del presente.

El propietario de la viña es Dios, pues dice San Agustín que “Dios nos cultiva como un campo para hacernos mejores”.

Tanto la primera lectura como el evangelio nos muestran la ilusión con la que Dios cuida a su pueblo: “plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre”.

Pero también, ambas lecturas, nos muestran un drama: que Dios, como propietario y cultivador de su viña, “esperaba uvas buenas pero dio agrazones” -el agrazón es una silvestre que nunca madura-.

Se trata pues del drama del pecado. Dios nos ha dado la inteligencia para buscar la verdad pero nosotros amamos muchas veces la mentira. Dios nos dio la voluntad para amar, pero habitualmente somos sembradores de división, odio y egoísmo. El materialismo, el relativismo y todo tipo de vicios imperan en nuestro corazón y en nuestra sociedad.

Sin embargo, el evangelio no habla de uvas o de agrazones, sino que afirma que la viña dio fruto pero que los labradores no querían pagar al propietario lo que le correspondía. Se trata del pecado de omisión, de la falta de agradecimiento, del rechazo de Jesús como Mesías y del perdón que el nos trae como salvación.

¿Y cuál es la respuesta de Dios ante este drama? Con una bondad que podríamos calificar como de un tanto “ingenua”, Él sigue arriesgando, dándonos a su Hijo amado. Nos lo dio hace dos mil años muriendo por nuestros pecados y nos lo sigue dando ahora en el sacramento de la confesión, en la eucaristía, etc.

¿Cuál será nuestra respuesta a tanto amor?

8 de octubre de 2023.