El evangelio de este domingo nos sigue describiendo el reino de los cielos por medio de parábolas y, en esta ocasión, lo hace con la de un rey que celebra la boda de su hijo.
Audio de la homilía (aquí próximamente)
Evangelio del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)
En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda». Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda».
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?».
El otro no abrió la boca.Entonces el rey dijo a los servidores: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
Mt 22, 1-14
Un rey que celebra la boda de su hijo
El rey y padre representa a Dios Padre que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para desposarse con la Iglesia. Los convidados somos cada uno de nosotros, invitados no solo como amigos del esposo sino, incluso, como miembros de esta Iglesia esposa.
Ante esta invitación, ¿cuál es la respuesta de los invitados? Desinterés, excusas e, incluso, desprecio y agresividad.
La vida cristiana como amistad con Cristo esposo
La parábola nos habla de la invitación que Dios nos hace a cada uno de nosotros a participar de una profunda amistad con Jesucristo su Hijo, una amistad que incluso tiene los tintes de esponsalidad que tendrá en plenitud en el cielo, donde “ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo”1Mt 22, 30.
El banquete de la Eucaristía dominical
Pero la parábola también puede aplicarse a la celebración de la Eucaristía a la que los cristianos somos convidados a participar cada domingo, como una invitación que Dios nos hace no para pedirnos nada, sino para dárnoslo todo y en especial a su Hijo amado: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único”2Jn 3, 16.
En este caso, son muchas las veces que damos a Dios de lado -decimos que estamos ocupados-, olvidando lo que debería ser lo más importante en nuestra vida.
Sin embargo, ante la falta de correspondencia de los invitados, el rey de la parábola muestra su magnanimidad de corazón invitando a “buenos y malos”. Esta expresión nos habla de la grandeza de corazón de Dios, que no nos llama porque seamos buenos, sino porque Él es Bueno.
Vivir en gracia de Dios
Por último, la parábola hace referencia también al traje de los convidados. Éstos no tienen que acudir con cualquier traje, sino que tienen que prepararse para la boda. Pueden venir aunque sean malos, pero hay que cambiar de vida.
San Gregorio Magno, comentando esta parábola, dice que somos invitados a participar de la vida cristiana y de la eucaristía por la fe, pero que hemos de hacerlo con la gracia de Dios, es decir, viviendo en amistad con Dios. Y ese traje nupcial, sigue diciendo, debe estar tejido de arriba-abajo por el amor de Dios (hilos verticales) y de lado a lado por el amor al prójimo (hilos verticales).
Sin duda que la Eucaristía es la antesala del banquete del cielo, donde Cristo se nos entrega con fidelidad esponsal, esperando de nosotros una respuesta semejante.
15 de octubre de 2023.
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- 1Mt 22, 30
- 2Jn 3, 16