Preparar el camino del Señor que viene

Preparar el camino del Señor que viene

Con el comienzo del nuevo año litúrgico comenzamos la lectura del evangelio de san Marcos, cuya lectura continuada meditaremos con abundancia a lo largo de todo el año. Y en sus primeros versículos, que se corresponden con el evangelio de este domingo, se nos invita a preparar el camino del Señor que viene, preparando así el encuentro con Aquel que está llamando a la puerta de nuestro corazón para que le abramos y entre1cf. Ap 3, 20.

Evangelio del II Domingo de Adviento 2023 (B)

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Como está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino; voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”»; 
se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

Mc 1, 1-8

Dos son las palabras claves de este evangelio: “consolad, consolad a mi pueblo” del profeta Isaías y “preparad el camino del Señor” de Juan el Bautista, precursor del Señor. Ambas están íntimamente unidas.

Consolad, consolad a mi pueblo

Una definición de consolar podría ser esta: “procurar que no nos falte el amor a la vida”. Un ejemplo: un padre que alienta a su hijo en sus dificultades para que no deje de amar la vida a pesar los baches del camino, animándolo así a seguir adelante.

Todos estamos llamados a ejercer este ministerio de la consolación en nombre de Dios. San Pablo lo dice así: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en toda tribulación para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios!2II Cor 1, 3-4.

Un ministerio que no puede ejercerse sobre los demás si primero no somos nosotros consolados por Dios, ya que, como dice el proverbio, “nadie puede dar de lo que no tiene”. De hecho, el Papa Francisco llega a definir la misma misión evangelizadora con estas palabras: “experimentar el consuelo de Dios y dárselo a los demás”.

Por otro lado, Jesucristo en Getsemaní, como verdadero hombre necesitado también de consuelo, recibe la consolación del Padre a través del ángel conocido como el ángel de la consolación“y un ángel del cielo lo confortaba”3Lc 22, 43.

En la actualidad, se hace muy necesario ese consuelo, ya que en nuestro país y en otros pocos, rige una ley de eutanasia que tiene una falsa comprensión de lo que es el consuelo. Se dice que hay que tener compasión del que sufre y se le ofrece el consuelo de eliminarlo. Podríamos decir que el ángel de la consolación es sustituido por el ángel del exterminio. Por eso, una sociedad que no tiene la esperanza puesta en Dios es una sociedad dramática, una sociedad sin Cristo crucificado que consuela y dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”4Mt 11, 28.

Preparar el camino del Señor que viene

La segunda palabra clave del evangelio es la invitación a la conversión que el bautista hacía a los judíos: “preparad el camino del Señor”. Y “él los bautizaba y confesaban sus pecados”. En efecto, la preparación que nos pide el adviento es la conversión de vida. Porque consolación no es decir palabras bonitas o un sentimiento placentero. Es la fidelidad del seguimiento del Señor: “El que quiera seguirme que tome su cruz y me siga”5Mt 16, 24.

Bernanos, novelista francés, decía: “oirás muchas palabras supuestamente consoladoras pero la verdad libera primero y consuela después”. La verdad de entrada a veces escuece, pero solo detrás del amor a la verdad se encuentra el verdadero consuelo.

Y es que lo que me hace sufrir en mi vida son mis pecados y los de los demás. Por eso S. Ignacio habla del consuelo que Dios puede darme a sentir si me concede la gracia de llorar mis pecados, que no son lágrimas externas, sino una experiencia de amor que reconstruye mi alma hacia la santidad y como que me dice al corazón: qué bueno es el Señor conmigo, y qué mal le trato yo muchas veces en mi vida.

María Inmaculada nos muestra este camino por el que a través del seguimiento de Cristo crucificado podemos llegar a experimentar el consuelo de Cristo glorioso y resucitado.

10 de diciembre de 2023.

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  • 1
    cf. Ap 3, 20
  • 2
    II Cor 1, 3-4
  • 3
    Lc 22, 43
  • 4
    Mt 11, 28
  • 5
    Mt 16, 24