Comenzamos con este primer domingo de adviento un nuevo año litúrgico en el que somos invitados a crecer en la esperanza en el Dios que viene a salvarnos.
Evangelio del I Domingo de Adviento 2023 (B)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!»
Mc 13, 33-37
Un nuevo año litúrgico
Los hombres tenemos una perspectiva de la vida que está marcada por nuestra temporalidad, por nuestro vivir en el tiempo de la historia. En cambio, Dios tiene una perspectiva de la existencia marcada por su vivir eterno, fuera del tiempo.
Pues bien, podríamos decir que el año litúrgico es el tiempo que Dios quiere dedicarnos a cada uno de nosotros. Él quiere estar cerca de nosotros, pasar tiempo junto a nosotros, integrando su pasión de amor por el hombre y su paciencia. Para ello, ha querido entrar en nuestra historia por la encarnación y el nacimiento de su Hijo, misterio que celebramos durante el tiempo de la Navidad, transformando así la historia temporal humana en historia de salvación eterna.
Todos conocemos la parábola de la higuera estéril que estaba plantada en un viñedo. El dueño de la viña quería cortarla porque no daba fruto. Pero el viñador le dijo: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no lo da, la cortas”1Lc 13, 6-9.
A la luz de esa parábola podemos comprender que Dios quiera regalarnos, con cada año litúrgico, una nueva oportunidad para que, acogiendo ese tiempo de salvación, nos dejemos cultivar por su amor y lleguemos a dar fruto de vida eterna2cf. Jn 15, 16.
El tiempo del adviento
Para acoger en nosotros ese acontecimiento salvífico de la Navidad, queremos estar en vela y prepararnos durante las próximas cuatro semanas del adviento -palabra latina adventus que significa venida-, un tiempo para la purificación y la iluminación en la esperanza en Dios.
La purificación se identifica con la conversión evangélica, y por eso el color morado nos recuerda un cierto carácter penitencial de este tiempo.
La iluminación es el crecimiento en la fe que debe darse en este tiempo en nuestras vidas, para que junto con la purificación, crezca en nosotros la esperanza teologal -en Dios-.
Que la Inmaculada, cuya solemnidad celebraremos el próximo día 8, nos ayude a prepararnos para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
3 de diciembre de 2023.
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- 1Lc 13, 6-9
- 2cf. Jn 15, 16