Ha llegado la hora

Ha llegado la hora

«Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”. Con estas palabras, el evangelio nos anuncia la cercanía de la Pascua, el paso del Señor de este mundo al Padre, a través de su pasión, muerte y resurrección..

Evangelio del V Domingo de Cuaresma 2024

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús».

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Jn 12, 20-33

Tres misterios íntimamente unidos

La pasión, muerte y resurrección Cristo son tres misterios de su vida que están íntimamente unidos, y así nos lo muestra san Juan este domingo al englobar estos tres acontecimientos en un solo término: la glorificación de Jesús. Veámoslo.

Los tres evangelistas sinópticos -Marcos, Mateo y Lucas- narran dos momentos cruciales de la vida de Cristo: la oración en el huerto de Getsemaní y la Transfiguración, hechos que hacen referencia respectivamente a la pasión y a la resurrección del Señor.

Sin embargo, el evangelista Juan, del que podríamos decir que no da puntada sin hilo, no narra en su evangelio en ningún momento, ni Getsemaní, ni la Transfiguración. Lo que hace en su lugar es que en la conversación de Jesús con los apóstoles, une ambos misterios de pasión y resurrección, denominándolos juntos “la glorificación del Hijo del hombre”.

En efecto, en el evangelio Jesús se dirige al Padre diciéndole: “Ahora mi alma está agitada. ¿Y qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si para esto he venido: ¡Padre! glorifica tu nombre”. A lo que el Padre le responde: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. Las palabras de Jesús al Padre hacen referencia a la oración en el huerto, mientras que las palabras del Padre a Jesús se refieren al momento de la transfiguración.

Ha llegado la hora

¿Qué nos enseña esto a nosotros? Pues que en nuestra vida, como en la de Jesús, el misterio de la cruz y el de la resurrección, el sufrimiento y el gozo, han de ir siempre unidos: a la resurrección solo llegaremos por el camino de la cruz, y este camino de pasión hemos de recorrerlo siempre con la esperanza cierta de la resurrección.

La expresión «ha llegado la hora» la utiliza Jesús para referirse al momento en el cual tendrá que vivir juntos su pasión, muerte y resurrección. En nosotros, esa expresión puede entenderse en el sentido de que ha llegado la hora de celebrar esos misterios que nos salvan, pero también en el sentido de que hemos de aprender a vivir esos misterios en nuestra vida, en nuestros sufrimientos y en nuestros gozos, momentos ambos que son una participación respectiva de la pasión-muerte y de la resurrección de nuestro Señor.

17 de marzo de 2024.