Finaliza este domingo la lectura del evangelio el discurso del pan de vida con la invitación del Señor a ser honestos en nuestra vida cristiana.
Evangelio del XXI Domingo del T. Ordinario 2024 (B)
En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».
Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen». Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
Venimos escuchando los últimos domingos el capítulo sexto de san Juan y, al llegar al final, vemos el fracaso humano que han tenido las palabras de Jesús pues, “desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él”.
Jn 6, 60-69
En efecto, las palabras del Señor expresaban claramente que el don de la Eucaristía que iba a dejarles, antes de partir a la casa del Padre, es alimento de primera necesidad sin el cual no es posible heredar la vida eterna: “Os aseguro que si no coméis la carne y no bebéis la sangre del Hijo del Hombre, no tendréis vida en vosotros”1.
Pero ante la pérdida de la mayor parte de sus discípulos, Jesús no reaccionó matizando o falseando sus palabras. Es verdad que Dios es pedagógicamente progresivo a la hora de revelarse y así lo viene haciendo Jesús con sus discípulos a lo largo de sus tres años de vida pública. Sin embargo, al llegar el final de su paso por este mundo, momentos antes de padecer, Él es muy claro y contundente en sus palabras, lo cual representa para nosotros una doble lección.
Una doble lección
En primer lugar, sus palabras son una lección para los predicadores, que no han de buscar los aplausos ni huir de las críticas que puedan recibir. Aquí podemos incluir también a los laicos que en todo momento han de ser testigos de Cristo en su estado de vida y circunstancias, no cayendo en la tentación de esconder la belleza y las exigencias del evangelio.
La M. Teresa de Calcuta, que defendió valientemente la vida frente al aborto en numerosos discursos2 ante la ONU, el Congreso de los EEUU y ante muchos otros gobiernos del mundo entero, dijo en una ocasión: “Dios no me ha pedido que tenga éxito. Dios me ha pedido que sea siempre fiel”.
En segundo lugar, sus palabras son también para los que tenemos que ser predicados, es decir, para todos los cristianos, pues todos estamos llamados a escuchar la Palabra de Dios en nuestra vida. En efecto, cada uno de nosotros ha de preguntarse qué busca en la Palabra de Dios y en los predicadores de esta. ¿Buscamos nuestro propio interés? ¿Buscamos palabras que nos alaguen el oído? ¿O queremos escuchar lo que realmente Dios quiere decirnos en nuestras vidas?
Peor es seguir a un falso Jesús que no seguir a Jesús.
Del mismo modo que a un hijo no le decimos lo que quiere escuchar sino lo que le conviene, lo que le puede ayudar, así mismo, en la Palabra de Dios tenemos que buscar no lo que yo quiero oír sino lo que Jesucristo quiere decirme a mí, lo que puede ayudarme en mi proceso de conversión a Dios.
Ser honestos en nuestra vida cristiana
Por eso, es muy importante ser honestos en nuestra vida cristiana. Ser sinceros con nosotros mismos.
A esa honestidad les va llevando poco a poco el Señor a los apóstoles. Cuando por fin les pregunte: “¿También vosotros queréis abandonarme?”. Entonces Pedro, cabeza de la Iglesia, responderá: “Maestro. Tú solo tienes palabras de vida eterna”.
Acerquémonos a Jesús como Maestro nuestro. Él tiene palabras de vida eterna para nosotros. Seamos honestos en buscar y escuchar con docilidad lo que Él tiene que decirnos en nuestra vida a cada momento.
25 de agosto de 2024.