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Ser honestos en nuestra vida cristiana

Finaliza este domingo la lectura del evangelio el discurso del pan de vida con la invitación del Señor a ser honestos en nuestra vida cristiana. A esa honestidad les llevó poco a poco el Señor a los apóstoles. Cuando por fin les preguntó: “¿También vosotros queréis abandonarme?”. Entonces Pedro, cabeza de la Iglesia, respondió: “Tú solo tienes palabras de vida eterna”.

El alimento de primera necesidad

Al concluir hoy el discurso del pan de vida el Señor nos deja claro que su Cuerpo y su Sangre son el alimento de primera necesidad que nos da la salud espiritual y, por tanto, la vida eterna. En efecto, cuando el Señor nos está hablando de comer su cuerpo y beber su sangre no nos está hablando de forma simbólica o metafórica.

El cuidado providencial que Dios tiene de nosotros

En el evangelio de este domingo vemos el cuidado que Dios tiene de nosotros, dándonos todo lo necesario para poder vivir corporal y espiritualmente. Estos versículos del capítulo seis del evangelio de san Juan nos narran el hecho de la alimentación corporal de las personas que seguían a Jesús, haciendo referencia al alimento espiritual de la Eucaristía.

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Todo lo que hemos celebrado durante el Triduo Santo y el tiempo de Pascua lo encontramos concentrado en este misterio del Corpus Christi, porque como reza el sacerdote en la oración colecta de esta Misa, «Cristo nos dejó en este sacramento el memorial de su pasión», muerte y resurrección, a lo que en conjunto le llamamos la Pascua del Señor.

Un rey que celebra la boda de su hijo

El evangelio de este domingo nos sigue describiendo el reino de los cielos por medio de parábolas y, en esta ocasión, lo hace con la de un rey que celebra la boda de su hijo. Ese rey y padre representa a Dios Padre que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para desposarse con la Iglesia. Los convidados somos cada uno de nosotros, invitados como miembros de esta Iglesia esposa.

Un rey que celebra la boda de su hijo

El evangelio de este domingo nos sigue describiendo el reino de los cielos por medio de parábolas y, en esta ocasión, lo hace con la de un rey que celebra la boda de su hijo. Ese rey y padre representa a Dios Padre que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para desposarse con la Iglesia. Los convidados somos cada uno de nosotros, invitados como miembros de esta Iglesia esposa.

Acompañar al Señor

La procesión del Corpus es un verdadero acto de testimonio eclesial y de fe en la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino. El cristiano, consciente de la grandeza del misterio eucarístico, acompaña al Señor en actitud de adoración y de acción de gracias por el don de la cercanía del Dios con nosotros.

Permanecer siempre en el cenáculo

Tanto en el evangelio de este III domingo de pascua, como en el del domingo pasado, Jesús nos invita a permanecer siempre en el cenáculo, el lugar donde Cristo celebró la Última Cena, donde él se les manifestó resucitado y donde, junto con María en oración, recibieron la efusión del Espíritu Santo.

Vive y actúa en la Eucaristía

En el evangelio de este domingo de Corpus Christi se nos presenta a Jesús como aquel que nos habla, nos sana y nos sacia. Estas acciones del Señor en el contexto de la multiplicación de los panes confirman las palabras de San Pablo VI que nos decía que “Jesús en la Eucaristía vive y actúa”