I Domingo del Tiempo de Cuaresma (C)

Homilía en audio, próximamente…

Cristo necesita entrar en el desierto para ayunar y orar

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».

Jesús le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».

Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”».

Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

(Lc 4, 1-13)

En este primer Domingo de Cuaresma contemplamos el misterio de las tentaciones de Jesús en el desierto. Movido por el Espíritu Santo se introduce voluntariamente en el desierto donde durante cuarenta días ayunará y hará oración.

La tradición cristiana afirma claramente ante este misterio, como ante el misterio de su bautismo y otros misterios de su vida, que Jesucristo no necesita ayunar ni orar porque él no es un pecador. Se dan numerosas razones teológicas de porqué Jesús accede sin embargo a vivir estos misterios, pero entre ellas, siempre se destaca que Él lo hace para darnos ejemplo de lo que nosotros sí debemos hacer.

Esto es verdad, pero podemos decir también que Cristo sí necesita vivir estos misterios, porque Cristo ya no es solo Jesús, sino que es Jesús y todo hombre, y más particularmente todo cristiano.

Esto es así porque, como nos dice el Concilio Vaticano II, “mediante la encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre”1Gaudium et Spes 22.

Y esto es mucho más real y verdad para todo cristiano, porque por el bautismo hemos sido injertados en Cristo. Por eso San Agustín y toda la tradición cristiana nos hablan del “Cristo total”2Catecismo de la Iglesia Católica 787-796, es decir, la Iglesia toda, Cristo cabeza y todos nosotros sus miembros.

Por tanto, cuando Jesús se introduce en el desierto, ora y ayuna por y con nosotros, siendo una sola carne con nosotros. Cuando sufre y vence las tentaciones lo hace por y con nosotros. Cuando se bautiza, lo hace bautizándose por y con nosotros. Cuando muere sufriendo en la cruz lo hace por y con nosotros, cuando goza en la resurrección lo hace por y con nosotros, etc.

Así pues, al iniciar este tiempo de cuaresma, no queramos vivirlo solos ni nos sintamos solos. Él ora y ayuna con nosotros, él sufre y goza con nosotros. Y donde no llegamos nosotros, llega él por nosotros. Por eso es muy importante que cultivemos la unión de amor con él, para que, participando cada día en su muerte, podamos participar también cada día de su resurrección.

6 de marzo de 2022.

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  • 1
    Gaudium et Spes 22
  • 2
    Catecismo de la Iglesia Católica 787-796