La limpieza de corazón

La limpieza de corazón

La limpieza de corazón es uno de los temas que aparecen hoy en el evangelio dominical y que comienza con una pregunta que deber resonar en todo momento en el corazón del hombre: “¿Qué he de hacer para heredar la vida eterna?”. Es la pregunta por el destino de la vida, y que expresa el anhelo por la eternidad y la vida feliz.

Evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario 2022 (C)

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». 

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». 

Él respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”». 

Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». 

Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». 

Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». 

Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». 

Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

Lc 10, 25-37

Pero el evangelista indica por dos veces en este pasaje la intención torcida del maestro de la ley al preguntar a Jesús. Primero se dice que preguntó para ponerlo a prueba y, segundo, para justificarse. ¡Qué importante es la intención con la que hacemos o decimos las cosas! Es verdad que lo más importante de una acción es la acción misma, el qué hacemos o decimos y, por eso, toda acción es son moralmente buena o mala según en qué consista dicha acción. Por ejemplo, no es lo mismo decir la verdad que mentir, robar que ser generoso con alguien. Sin embargo, a la hora de actuar siempre tenemos que atender a la intención y al fin con la que realizamos dicha acción: ¿por qué y para qué lo hago?, ¿qué pretendo conseguir?, etc.

La razón estriba en que cuando la intención es mala toda acción bondadosa se convierte en mala y así, por ejemplo, dar una limosna con la intención de que me vean es un acto bueno que por una intención mala se convierte en un acto moralmente malo.

Y al contrario, la intención por muy buena que sea no hace nunca buena una acción mala. Lo solemos decir con la expresión que dice que “la intención o el fin no justifican los medios”. Así por ejemplo, quitar la vida a alguien para que no sufra es siempre un acto moralmente malo, independientemente de que la intención de que no sufra sea una buena intención.

La limpieza de corazón

Los maestros espirituales han hablado siempre de la rectitud de la intención o la purificación de la intención, que coincide con la bienaventuranza que nos habla de los limpios de corazón. Se trata de que toda intención o motivo por el que hagamos o digamos las cosas sea conforme al agrado de Dios y al bien de nuestro prójimo. Esto es necesario no solo porque la mala intención puede hacer mala una acción buena, sino también porque la rectitud de intención nos hace humildes, abiertos al consejo de los demás, dispuestos a reconocer nuestros propios errores, comprensivos con los demás, y nos dispone para poder ver a Dios en el prójimo y en todas las circunstancias de la vida.

Seguramente que el maestro de la ley no aprendió la lección que el Señor le dio. Por su viciada intención su corazón estaría cerrado a lo que Jesús quería enseñarle.

Pidamos al Señor la pureza de María en el pensar y el obrar, su pureza de corazón para con Dios y para con su prójimo.

10 de julio de 2022.