La renuncia cristiana es relativa

La renuncia cristiana es relativa

La renuncia cristiana es relativa y nunca absoluta. Jesús no nos pide nunca renunciar porque sí, o por antojo suyo. Él nos enseña a situar cada cosa en su justo lugar, en orden a nuestro bien y al de los demás. Y ese bien es nuestra felicidad en este mundo y en la vida eterna.

Evangelio del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario 2022 (C)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Lc 14, 25-33

En el evangelio de este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario Jesús nos muestra el camino de la renuncia como único camino para encontrar la felicidad. Pero él atempera el verbo renunciar complementándolo con el de posponer, que no implica rechazar aquello a lo que se renuncia sino ponerlo después o detrás.

En efecto, Jesús no pide rechazar a los padres, ni a la mujer, a los hermanos o a los hijos, a los que hay que amar con todo el corazón. Tampoco pide despreciar los bienes, pues estos son necesarios para la vida. Amar el sufrimiento tampoco es cristiano, y ni siquiera él lo ama aunque entregue su vida en la cruz por nosotros. Lo que Jesús nos pide es que lo primero y más importante en nuestra vida sea Él.

La renuncia cristiana es relativa

Por eso la renuncia cristiana no es absoluta, sino que es relativa a Dios porque todo tiene que girar en torno a Él como centro de nuestra vida y de nuestra sociedad. No es odiar a nadie, sino amarle a Él sobre cualquier otra persona; no es rechazar las cosas sino darles su justa importancia poniéndole a Él como a lo más importante; No es amar lo que nos desagrada, sino amarle a Él por encima de todo.

Cuando Jesús nos dice que para ser sus discípulos tenemos que caminar por el camino de la renuncia es porque él como maestro va delante en la renuncia.

Al comenzar su vida pública deja a María, a quien ama con todo su corazón, para seguir el camino que el Padre le ha marcado. Deja su hogar, renuncia a la estabilidad de una vida cómoda, y se hace pobre para vivir de la riqueza del amor del Padre y para enriquecernos a nosotros con la salvación. Entrega su vida tomando la cruz, aunque esto suponga sufrimiento, porque le mueve el amor al Padre y a cada uno de los hombres.

Esta es la sabiduría cristiana que él nos enseña y que a los ojos del mundo es necedad y locura.

Esta sabiduría no debe confundirse con la renuncia absoluta a la que nos invitan algunas corrientes pseudoespirtuales de nuestro tiempo o corrientes de la nueva era como son el zen, el budismo, etc. Estas formas de pensamiento y de vida tienen una visión pesimista del hombre y, sobre todo, del cuerpo humano, que muestran la renuncia como un camino para liberarse de todo aquello a lo que puedas amar o apegarte y, de esta forma, evitar el sufrimiento.

4 de septiembre de 2022.