Los hijos de la luz

Los hijos de la luz

Los hijos de la luz son invitados por el Señor a ser astutos como lo son los hijos de este mundo. Esta es la enseñanza central del evangelio de este XXV Domingo del Tiempo Ordinario.

Evangelio del Domingo XXV del Tiempo Ordinario 2022 (C)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: -¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.

El administrador se puso a echar sus cálculos: – ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: – ¿Cuánto debes a mi amo?

Este respondió: – Cien barriles de aceite.

El le dijo: – Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».

Luego dijo a otro: – Y tú, ¿cuánto debes?

El contestó: – Cien fanegas de trigo.

Le dijo: – Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos en su generación que los hijos de la luz.

Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Lc 16, 1-13

El evangelio muestra una contraposición entre los hijos del mundo y los hijos de la luz.

Los hijos del mundo son, según los Santos Padres de la Iglesia, los que viven inmersos en las cosas de este mundo, mirando solo en adquirir la felicidad terrena. Estos actúan con astucia en este mundo, buscando solícitos y con ahínco las riquezas de la vida temporal, sin meditar la vida futura que nos conviene. Son llamados también hijos del siglo o de la perdición.

Los hijos de la luz, en cambio, son lo que obran espiritualmente mirando solo al amor divino. Estos tienen los ojos del corazón puestos en la meta de la vida eterna. Tienen la consideración de hijos de la luz porque han sido engendrados a la vida eterna por Jesús, que dice de sí mismo: “Yo soy la Luz” (Jn 8, 12).

Los hijos del mundo

El Señor alaba la astucia con la que actúan los hijos de este mundo para satisfacer sus deseos terrenales mediante la corrupción, la conspiración y la mentira.

Pero no se trata de una alabanza del mal, sino que Jesús lo que pide a los hijos de la luz es la audacia, el interés, el compromiso y el empeño que muchas veces derrochamos en las preocupaciones de este mundo, olvidándonos de nuestra verdadera meta que es la vida eterna.

Los hijos de la luz

A continuación, el Señor nos indica uno de los medios más poderosos para actuar con verdadera astucia espiritual y con miras a la felicidad eterna; dice: “Haceos amigos con el dinero injusto para que cuando os falte os reciban en las eternas moradas”. La traducción no es muy fiel al texto original y revelado, ya que no debería traducir “dinero injusto”, sino “riquezas de la injusticia”.

¿Qué son las riquezas de la injusticia? Nuevamente los Santos Padres nos dan luz al respecto. Las riquezas se refieren a todo lo que puede ser deseable en este mundo: dinero, salud, prosperidad, honores, etc. (la pobreza sería por tanto la ausencia de todo ello). Y se llaman de la injusticia no porque sean malas en sí mismas, sino porque pueden hacernos injustos si no las compartimos con los demás. Así pues, el poderoso medio para alcanzar la vida eterna, del que nos habla Jesús, consiste en compartir nuestra vida y nuestras cosas con nuestro prójimo, especialmente con los pobres. Seamos astutos.

18 de septiembre de 2022.