Después de haber celebrado el Bautismo del Señor, San Juan Bautista quiere mostrarnos la importancia de conocer a Jesucristo en nuestra vida.
Evangelio del Domingo II del Tiempo Ordinario 2023 (A)
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo». Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Jn 1, 29-34
En el evangelio de este domingo llama la atención que el bautista diga hasta por dos veces, refiriéndose a Jesús, que “no lo conocía”. Aunque en aquel tiempo era menos frecuente verse con la familia por la menor frecuencia de los viajes, sin embargo, extraña que diga que no le conocía.
Hay una posible explicación que tiene que ver con el significado que la palabra conocer tiene en la antigüedad. Para nosotros “conocer a alguien” significa muchas veces y simplemente saber a quién nos referimos y cómo se llama. Sin embargo, en la antigüedad la palabra “conocer” estaba en relación con la posible unión de amor que existiese entre el que conoce y la persona conocida.
Conocer a Jesucristo
Para comprender mejor lo que nos dice Juan podemos distinguir como tres modos de conocer a Jesucristo.
En primer lugar, podemos conocerlo de un modo histórico. De este modo sabemos que Jesús es alguien que vivió en un lugar y en un momento concreto de la historia humana. Podemos conocer qué hizo y qué dijo a través de la lectura del evangelio o de otros documentos históricos. Es este un primer acercamiento a la figura de Jesús, como si de una foto se tratase.
En segundo lugar, podemos conocerlo también con la fe, y entonces sabremos que Jesús es, además de verdadero hombre, verdadero Dios. Es un paso más en el conocimiento de su persona. Es como si fuese una radiografía de Jesús, ya que la fe nos da un conocimiento mucho más profundo.
Sin embargo, estos dos tipos de conocimiento nos hacen ser meros espectadores de la vida de Jesús.
Existe un tercer conocimiento que ya no consiste en el mero saber cosas de Jesús, sino que, por el amor y la unión de corazón, nos lleva a ser una sola cosa con Él. Es como si se tratase de dos velas de cera que se juntan y, por su cercanía, acabasen siendo una sola.
Ahora sí se entienden las palabras de Juan. Aunque sepamos cosas de Jesús, como hombre y Dios verdadero, siempre podremos conocerle más en la medida en que le amemos y nos dejemos amar más por él. Entonces dejamos de ser meros espectadores para ser amigos de Jesús. Y cuando esa amistad llega a la perfección entonces hablamos de la santidad.
Darle a conocer
Por último, hay que indicar que algo admirable sucede cuando vamos conociendo más a Jesucristo. Como ese conocer se identifica con la unión de amor con Él, crecer en su conocimiento significa crecer en la identificación con Él. De este modo podemos ir experimentando en nuestra vida lo que nos dice San Pablo –«Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí»1Ga 2, 20-, y convertirnos así en testigos que le dan a conocer a quienes no le conocen.
15 de enero de 2023.
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- 1Ga 2, 20