El niño Jesús será nuestra alegría
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».
Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?».
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido».
Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?».
Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.
(Lc 3,10-18)
“Alegraos. Os lo repito. Estad siempre alegres en el Señor. El Señor está cerca. Que vuestra alegría la conozcan todos los hombres”1Flp 4, 4-5. Con este ruego de San Pablo se inicia la liturgia de este III Domingo de Adviento, que da nombre latino a este domingo como “domingo de gaudete” (en castellano alégrate), y que nos invita a estar alegres porque el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo está ya muy cerca.
Estamos preparando el camino del Señor para su venida, un camino de conversión interior de nuestro corazón que hoy se explicita mucho más en el amor al prójimo que Cristo nos pide: “El que tenga dos túnicas que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”. No tenemos excusas. Si no queremos escuchar de nuevo en nuestra vida ese “no encontraron sitio en la posada”2Lc 2, 7, hemos de adecentar nuestro corazón con las obras de misericordia para que, en los días de la Navidad, María y José puedan traer a nuestras vidas al Salvador. Nuestros pecados son muchos, es verdad, pero igual que se dignó nacer en aquel portal tan pobre e indigno, se dignará asimismo nacer en nuestro también pobre corazón. María y José, que prepararon lo mejor que pudieron aquel lugar, adornarán del mismo modo nuestra alma para su nacimiento.Entonces, nuestro corazón se convertirá en ese cielo que es Jesús, y la alegría de su cercanía se convertirá en la alegría de tenerle ya entre nosotros. Que María y José nos enseñen y acompañen a esperar también su venida.
12 de diciembre de 2021.
-------------
- 1Flp 4, 4-5
- 2Lc 2, 7