Homilía en audio, próximamente…
Misericordiosos como nuestro Padre celestial
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
(Lc 6, 27-38)
Nos invita el Señor en el evangelio de este VII Domingo del tiempo ordinario a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso con nosotros.
La palabra “misericordia” se ha formado del latín de la composición de dos palabras, a saber, “miser” que se es traducción de “desdichado” o “miserable”, y “cor/cordis” que significa “corazón”. Por tanto, el significado de la palabra “misericordia” sería “inclinar el ánimo o compadecerse de los sufrimientos o de las miserias ajenas”.
Esta es la actitud más propia del Dios que es Amor, como le describe el evangelista San Juan: “Dios es Amor”1Jn 1, 4. En efecto, Dios se inclina con amor sobre las miserias del hombre, que son su sufrimiento, su fragilidad, su herida fruto del pecado original que lo inclinan muchas veces hacia el pecado, etc. Este misterio de la misericordia de Dios se nos revela en toda la Sagrada Escritura, pero especialmente en Jesucristo, plenitud de la Revelación, en e que toda su persona, palabras y obras, nos muestran el Amor de Dios por el hombre que lo lleva a inclinarse, haciéndose hombre (Encarnación), para liberarnos del pecado y de la muerte (Redención).
Y ahí es donde Jesucristo fundamenta la petición que nos hace a que también nosotros seamos misericordiosos con los demás, pues si él siendo todo Santo tiene misericordia de cada uno de nosotros, mucho más nosotros pecadores, receptores de su Misericordia, hemos de ser misericordiosos con los demás.
Esa misericordia implica compadecernos de las miserias de los demás, no creernos mejor que nadie, no juzgar el corazón ajeno, y perdonar incluso a nuestros enemigos.Por último, y por todo esto, Jesús nos dice que solo siendo nosotros misericordiosos con los demás, podrá ser Él misericordioso con nosotros. ¡Hala! ¡Ya tenemos tarea!
22 de febrero de 2022.
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- 1Jn 1, 4