V Domingo del Tiempo de Cuaresma (C)

Jesucristo, Juez justo y misericordioso

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

Ella contestó: «Ninguno, Señor».

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

(Jn 8, 1-11)

Es común, en los tiempos que corren, una visión de un Dios misericordioso opuesto a la justicia, que todo lo perdona y en el que no cabe justicia ninguna. Esta visión de Dios es contraria a la fe cristiana que afirma que todos los atributos de Dios se identifican como si fueran uno solo, por lo que se afirma siempre que Dios es sumamente misericordioso y a la vez sumamente justo. Las dos cosas sin oposición.

Esto podemos comprobarlo en el evangelio de este V Domingo del Tiempo de Cuaresma, en el que se nos narra el encuentro de Jesús con la mujer adúltera. Los judíos se disponen a apedrearla, para cumplir así la ley de Moisés, pero no sin antes preguntar a Jesús para ponerlo a prueba.

Jesús pone de manifiesto su misericordia al no condenar a esta mujer, porque como dirá en otro momento: “Yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo”1Jn 12, 47

Sin embargo, Jesús no oculta la gravedad del pecado de esta mujer al decirle rotundamente después de perdonarla: “No peques más”. Él es claro con ella. No hay disimulos por parte de Jesús. El adulterio (relación sexual de una persona casada con otra persona que no es su cónyuge) es un pecado. No hay excusas.

Con los escribas, grandes conocedores de la Palabra de Dios, y con los fariseos, que no solían vivir lo que predicaban, Jesús tampoco se queda corto. También a ellos les recuerda que son pecadores.

Pero si Jesús, siendo verdadero Dios y justo Juez, no condena a esta mujer, ¿dónde queda entonces la justicia que estos judíos pretenden justamente hacer cumplir? Jesús condenado a muerte pagará el precio de nuestros pecados. Dios, suma misericordia y suma justicia, deja la misericordia para nosotros, quedándose Él con la justicia.En este tiempo de conversión, seamos pues agradecidos con el Señor. Reconozcamos con humildad nuestro pecado, no condenemos a nuestro prójimo, y dejémonos perdonar por Jesucristo.

3 de abril de 2022.

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  • 1
    Jn 12, 47