La sorpresa del amor de Dios

La sorpresa del amor de Dios

La sorpresa del amor de Dios que nos antecede es una de las verdades más reconfortantes de nuestra fe cristiana. Así nos lo revela San Juan en su primera carta cuando nos dice que “Él nos amó primero”1I Jn 4, 19.

Evangelio del Domingo XXXI del Tiempo Ordinario 2022 (C)

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». 

Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 

Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 

Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 

Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Lc 19, 1-10

Así se puede apreciar en el evangelio de este domingo. En él vemos a Zaqueo que habría oído hablar de Jesús y que, sabiendo que iba a pasar por allí, querría verlo para saber quién era en realidad. Como además era bajo, tuvo la audacia de subirse a un árbol para poder verlo mejor.

Es aquí donde Zaqueo se encuentra con la sorpresa de un Jesús que le lleva la delantera. Y es que, aunque Zaqueo no conocía personalmente a Jesús, parece que Jesús sí le conocía a él. Estos son los datos que nos ofrece el evangelio.

La sorpresa del amor de Dios

En primer lugar, aunque lo normal sería que Jesús pasase de largo porque Zaqueo era uno más entre el gentío, Jesús toma la iniciativa, se para y se pone a conversar con él.

En segundo lugar, Jesús le llama por su nombre. Esto indica que Jesús ya le conoce anteriormente, aunque no se hayan visto nunca.

También puede destacarse que Jesús no solo se dirige a él, sino que incluso se autoinvita a comer a su casa. Esto nos muestra una gran cercanía por parte de Jesús y, sobre todo en el mundo judío, un gran deseo por parte de Jesús de entrar en comunión con él, pues para la mentalidad hebrea el compartir mesa y alimentos es un signo de comunión y amistad.

Y para colmo de la sorpresa, Jesús le trata con una confianza extrema como si fueran amigos de toda la vida, diciéndole: “date prisa y baja”. Algunos seguramente pensarían por dentro al contemplar la escena: “Es el colmo del descaro por parte de Jesús”. Es como si le dijera: “¡Vamos! ¡Que te estoy esperando! Y eso dicho con mucho cariño. Es un evangelio encantador, porque Jesús es siempre encantador.

Todo esto, sin duda que sorprendió a Zaqueo hasta el punto de que tocó su corazón y le movió a conversión de pecador a deseo de santidad.

También a mí me sorprende el amor de Dios

Apliquémonos esto ahora a nuestra vida: Jesús me conoce desde siempre y me llama por mi nombre; es cercano y desea siempre mi amistad; incluso, me ruega que seamos amigos; y finalmente, si le dejo tomará posesión total de mi vida. No tengamos miedo. Se acerca la fiesta de todos los santos. Ellos, como Zaqueo, le abrieron de par en par las puertas de su corazón. Abrámosle también nosotros las del nuestro. Jesús nos encantará.

30 de octubre de 2022.

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  • 1
    I Jn 4, 19