Llamados a ver su gloria

Llamados a ver su gloria

En este segundo domingo del tiempo de cuaresma Jesucristo nos va a mostrar que todos, y cada uno de nosotros, estamos llamados a ver su gloria.

Evangelio del Domingo II del Tiempo de Cuaresma 2023 (A)

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se Ies aparecieron Moisés y Elias conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elias».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Mt 17, 1-9

Llamados a ver su gloria

En el evangelio se nos narra el misterio de la Transfiguración del Señor. Se trata de un fenómeno por el que Jesús, momentos antes de su pasión, anticipó su resurrección a tres de sus discípulos, manifestándoles así la gloria de su divinidad: “su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.

De este modo, Jesús les mostró su gloria y les dio a participar del gozo de la vida eterna o visión beatífica del cielo. Por eso S. Pedro dirá: “que bien se está aquí”.

En este camino cuaresmal que estamos realizando hacia la cumbre pascual de la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor, Jesús quiere hacernos caer en la cuenta de que nuestra meta es el cielo, donde le contemplaremos cara a cara y nos llenaremos del gozo al participar de su divinidad.

Por tanto, el itinerario cuaresmal hacia el calvario no finaliza en la cruz sino que, pasando por ella, llegamos a la gloria de la resurrección.

A finales del siglo II, S. Ireneo de Lyon, uno de los grandes santos padres de la Iglesia, afirmó que “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre es la visión de Dios”. Podemos decir, por tanto, que Dios se gloría y se goza de que nosotros podamos llegar a ser plenamente felices, pues no hay nada que Él más desee que nuestra propia felicidad.

Por último, esa felicidad consiste precisamente en el encuentro definitivo con Él en Cristo Jesús en el cielo, pues para eso hemos sido creados.

5 de marzo de 2023.