El desierto cuaresmal

El desierto cuaresmal

El pasado miércoles de ceniza comenzamos el tiempo de cuaresma, cuyo primer domingo celebramos hoy, y con el que Jesús quiere introducirnos en el desierto cuaresmal.

Evangelio del Domingo I del Tiempo de Cuaresma 2023 (A)

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»». Jesús le dijo: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios»».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto»».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Mt 4, 1-11

La cuaresma es el tiempo propicio para la conversión del corazón y para prepararnos a celebrar la Pascua del Señor: su pasión, muerte y resurrección.

En el evangelio de este domingo vemos a Jesús que, movido por el Espíritu Santo, entra en el desierto para orar y ayunar durante cuarenta días. Al finalizar este tiempo será tentado por el diablo.

El desierto cuaresmal

Ya desde los primeros siglos, los cristianos se sintieron movidos a imitar a Jesús y a prepararse a la celebración del triduo santo mediante este santo tiempo de la cuaresma, con ayunos, oraciones y limosnas.

Pero podemos preguntarnos por qué tenemos nosotros que ayunar. La respuesta fundamental es que nosotros tenemos que ayunar por nuestros pecados; en primer lugar, para hacer penitencia en reparación de nuestras ofensas a Dios y al prójimo; en segundo lugar, para implorar con el sacrificio del hambre la gracia del dolor y el arrepentimiento de nuestros pecados; y por último, parar entrenarnos espiritualmente y estar así prontos a seguir la voluntad de Dios en nuestras vidas.

Es evidente que Jesús, verdadero Dios, no necesitaba del ayuno, y si quiso voluntariamente pasar cuarenta días en el desierto ayunando y orando, lo hizo para darnos ejemplo y alentarnos a nosotros pecadores, que sí tenemos necesidad de hacerlo.

El hambre que nos proporciona el ayuno

El hambre que produce el ayuno debe llevarnos a tener hambre del verdadero alimento que nos nutre y nos sacia, el de la Palabra de Dios que asiduamente debemos meditar, pero mucho más en este tiempo de la Cuaresma, pues “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Esa hambre tiene que convertirse en nosotros en hambre de la gracia de Dios que nos ilumina, nos sostiene y nos hace poner la confianza solo en Él. Sin esa gracia nada podemos y, por eso, Jesús respondió a la tentación diciendo: “no tentarás al Señor, tu Dios”.

Y, por último, ese ayuno nos debe llevar a la renuncia incluso de lo que nos es lícito, para que sintiendo necesidad, Dios se convierta en nosotros en la única cosa absolutamente necesaria, pues “solo al Señor, tu Dios, adorarás”.

26 de febrero de 2023.