Seguimos preparándonos para celebrar la Pascua del Señor. Si en el evangelio de la Samaritana de hace dos domingos estuvimos contemplando el signo del agua y en el evangelio de la semana pasada el signo de la luz, en este V Domingo de Cuaresma nos fijamos en otro elemento clave de la iniciación cristiana que se recibe por el bautismo, la confirmación y la eucaristía: la verdad de la resurrección.
Evangelio del Domingo V del Tiempo de Cuaresma 2023 (A)
En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo».
Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?».
Le contestaron: «Señor, ven a verlo».
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!».
Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».
Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera».
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Jn 11, 3-7.17.20-27.33b-45
La verdad de la resurrección
El bautismo nos lava de nuestros pecados y hace luminosa nuestra vida mediante el don de la fe. Pero este sacramento también nos hace resucitar con Cristo Jesús, como dice San Pablo: “Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo, nos resucitó y nos hizo sentar con Él en los cielos en Cristo Jesús” (Ef 2, 4-6). En la noche santa de la resurrección, que ya se acerca, tendremos la oportunidad de renovar nuestra fe y nuestras promesas bautismales.
La resurrección de Lázaro fue el detonante de la persecución final que se desencadenó contra Jesús. Lázaro y sus hermanas eran muy conocidos y estimados. Todo sucedió en el entorno de Jerusalén. Habría muchas personas en la ciudad por el funeral, pero también por la cercanía de las fiestas de Pascua. Sin embargo, Jesús no se escondió, aunque sabía que resucitar a Lázaro tendría consecuencias negativas para él.
De hecho, la persecución no solo se desencadenó contra él, sino que el evangelio indica que también querían matar a Lázaro para que la gente no creyese a Jesús. Aquí se confirman las palabras de Jesús, “si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15, 20).
Jesús nos responde al para qué de las cosas
Nuevamente en este evangelio, al igual que el domingo pasado, Jesús no responde al por qué sino al para qué. Entonces le fue preguntado por qué aquel hombre era ciego de nacimiento, a lo que respondió que “era ciego para que se manifestasen las obras de Dios” (Jn 9, 3), que en aquel caso consistió, mediante su curación, en la manifestación de la divinidad de Jesús.
Seguramente que Marta y María preguntarían desconsoladas a Jesús por qué había fallecido su hermano Lázaro. Pero él nuevamente responde al para qué: “Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. En efecto, con este milagro Jesús mostró su gloria manifestando su divinidad, indicando que él es “la resurrección y la vida”, y padeciendo en la cruz por nosotros.
24 de marzo de 2023.