¡Cristo ha resucitado!

¡Cristo ha resucitado!

¡Feliz Pascua! ¡Cristo ha resucitado! Al amanecer del primer día de la semana, al despuntar el día Jesucristo, el sol que nace de lo alto, alumbra el mundo con la luz de su resurrección. Esta es la gran noticia que la Iglesia nos comunica hoy a todos.

Evangelio del Domingo de Resurrección 2023 (A)

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. 
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Jn 20, 1-9

¡Cristo ha resucitado!

Hoy celebramos el gran domingo cristiano del que participan el resto de los domingos del año. En él celebramos el misterio pascual de Cristo, de su pasión, muerte y resurrección. Todo unido.

El viernes santo padecía nuestro Señor pero cantábamos con la esperanza de que resucitaría “Victoria tú reinarás”. Hoy domingo celebramos su resurrección pero nos referimos a él como la “Víctima pascual” que ha padecido por nosotros. Dos misterios inseparables en uno solo: no hay resurrección sin pasión, tampoco hay pasión sin resurrección.

Es común encontrarnos con muchos cristianos que participan con mucho deseo de los oficios y procesiones del jueves y viernes santo, pero luego no participan de la celebración de la resurrección, ni este ni ningún domingo del año. Esto muestra una gran incomprensión del misterio de la fe cristiana, pues “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”1I Cor 15, 14.

Es en parte comprensible porque a todos nos impresiona pensar en alguien que padeció cruelmente entregando su vida por amor y perdonando a sus enemigos, mucho más si además entendemos que todo eso lo sufrió por nuestros pecados.

Los signos gloriosos de su pasión

Pero nuestra fe es clara. Después de muerto Jesucristo se aparecerá a los discípulos mostrándoles los signos de su pasión, “mirad mis manos y mis pies, soy yo”2Lc 24, 39, pero llagas glorificadas por su resurrección.

Esas llagas seguirán abiertas en sus manos, pies y costado, por los siglos de los siglos, también en el cielo. San Bernardo incluso llega a decir que esas heridas son las ventanas a través de las cuales nosotros podemos descubrir los secretos de su corazón, las entrañas misericordiosas de Dios para con el hombre. Las llagas nos llevan a su gloria, la cruz a la resurrección.

Por eso, en cada Eucaristía celebramos el misterio pascual de Cristo al completo: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven Señor Jesús!”.

El rechazo de la cruz en nuestra vida

También en otras ocasiones rechazamos la cruz y queremos quedarnos solo con la resurrección. A este respecto nos dice el Papa Francisco que “todos queremos resucitar, pero pocos queremos ir por el único camino que nos lleva a esa resurrección, el de llevar la cruz de cada día”.

Si queremos saber si hemos vivido bien estos días de la Semana Santa, la prueba del algodón es esta: que haya crecido en nosotros tanto la esperanza de poder llegar a ser santos, como las entrañas de misericordia para con nuestro prójimo. Solo Cristo resucitado puede realizar esta obra en nosotros. Acojamos al resucitado en nuestra vida.

9 de abril de 2023.

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  • 1
    I Cor 15, 14
  • 2
    Lc 24, 39