La sabiduría de la cruz

La sabiduría de la cruz

Si el pasado domingo el Señor reconoció la acertada respuesta de Pedro ante su pregunta “¿Quién decís vosotros que soy yo?”, en cambio, el evangelio continuado de este XXII domingo del tiempo ordinario nos muestra la reprensión con la que Cristo reorienta el pensar del apóstol, ante la predicción del Señor sobre su pasión y muerte.

Evangelio del XXII Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». 

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta».

Mt 16, 21-27

¿Cuál es la diferencia entre la respuesta acertada de Pedro del domingo pasado “Tú eres el Hijo de Dios Vivo” y la increpación de hoy “¡Eso no puede pasarte!”? El Señor nos da la respuesta: al acierto de Pedro Jesús le dijo “eso te lo ha revelado mi Padre del cielo” y al pensar erróneo de ahora le dice “piensas como los hombres, no como Dios”.

Y es que es muy importante que vaya creciendo en nosotros la sintonía de corazón con el Señor. Es necesario que por la conversión y progresiva santificación de nuestras vidas vayamos uniéndonos más cada vez a Él, hasta que podamos decir como San Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”1Ga 2, 20.

La sabiduría de la cruz

La predicción del maestro que aturdió el corazón de Pedro aludía a la pasión, ejecución y muerte que Él había de padecer y esto no entraba en la cabeza ni del primado ni del resto de los apóstoles. Tampoco podían entenderlo el resto de los judíos. Por eso, Jesús pidió a los apóstoles que no dijeran a nadie que Él era el Mesías, porque la concepción mesiánica que el Pueblo de Israel no se correspondía con el mesianismo prometido por Dios a través de los profetas.

Tampoco nosotros terminamos de comprender y aceptar ese misterio de la pasión y muerte del Señor. La tentación es siempre pensar la tribulación de Cristo como algo que le sobrevino y que Él padeció por nosotros, por nuestro amor. Pero nos cuesta aceptar que ese era el camino necesario de nuestra salvación.

Tampoco acabamos de aceptar que el discípulo, para seguir al maestro, ha de seguir el mismo camino que Él siguió: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”. Nosotros imaginamos, como los apóstoles, una vida sin muerte, una gloria sin humillación, una resurrección sin cruz. Por eso en la tradición cristiana el conocimiento y la comprensión de este misterio es denominado como la sabiduría de la cruz.

Desconfiemos cuando se nos muestran caminos de vida y felicidad sin cruz, cuando se nos dice que todo serán facilidades y triunfos. Son falsas promesas. No hay gloria sin cruz, ni cruz sin Cristo, ni Cristo sin cruz.

3 de septiembre de 2023.

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    Ga 2, 20