Nos vamos acercando al final del año litúrgico y la Iglesia nos invita en las lecturas de estos últimos domingos a ser fieles en nuestra vida cristiana.
Evangelio del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco».
Su señor le dijo: «Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor».
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos».
Su señor le dijo: «¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor».
Mt 25, 14-30
Si la semana pasada se contraponía la sabiduría de las vírgenes prudentes con la necedad de las vírgenes insensatas, en esta ocasión el Señor contrapone la fidelidad de los siervos que supieron hacer fructificar los talentos a la negligencia del siervo holgazán. En ambos evangelios se nos invita a estar en vela y preparados para cuando llegue el final de nuestra vida.
El talento era una moneda romana de gran valor, de la cual se sirvió Jesús en la parábola de este domingo para hablar de la importancia de hacer fructificar los dones que Él nos ha dado, hasta el punto de que, aunque dicha moneda ya no exista, se ha popularizado en nuestra lengua como sinónimo de dotes o cualidades.
S. Agustín, al preguntarse si el hombre -criatura finita- puede responder al amor infinito de Dios, responde que sí puede hacerlo en la medida en que le entrega todo lo que él es, con sus talentos y capacidades limitadas. Dios no mira la grandeza de lo que le demos sino cuánto le damos de lo que somos.
Esto aparece admirablemente reflejado en esta parábola, cuyo amo no pide a los siervos más de lo que pueden dar, sino el fruto que le corresponde a sus capacidades: “a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad”.
Ser fieles en nuestra vida cristiana
¿Qué debo de hacer yo para acoger los talentos que Jesucristo me ha dado y hacerlos fructificar en mi vida? No tener miedo al fracaso -Él no me pide más de lo que puedo dar-, poner en juego dichos talentos de manera activa y no compararme de manera envidiosa con los demás.
Como S. Pablo, estemos firmemente convencidos de que el Padre, “quien comenzó en nosotros la obra buena [dándonos los talentos], Él mismo llevará a término esa obra hasta el día de Cristo Jesús [el final de nuestra vida]”1Flp 1, 6.
19 de noviembre de 2023.
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- 1Flp 1, 6