Jesús nuestro médico

Jesús, nuestro médico

La liturgia de este domingo nos muestra a Jesús, nuestro médico, que nos sana de todas nuestras enfermedades.

Evangelio del V Domingo del T. Ordinario 2024 (B)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca».

Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Mc 1, 29-39

Jesús, nuestro médico

El salmo nos dice que el Señor “sana los corazones destrozados y venda sus heridas”. La antífona del aleluya que “Cristo tomó nuestras dolencias y que cargó con nuestras enfermedades”. En el evangelio aparece curando a la suegra de Pedro y a muchos enfermos de diversos males. También aparece expulsando muchos demonios.

Es claro que la sanación de Jesús es integral porque afecta a las dos dimensiones del hombre, corporal y espiritual. También es claro que la sanación total del hombre no se dará definitivamente sino en la vida eterna, cuando él nos restaure del peor de nuestros males que es la muerte.

Los beneficios de la fe cristiana para la salud

Recientemente se ha dado a conocer un importante estudio internacional que muestra los claros beneficios de la religiosidad para la salud psíquica-física del ser humano y para su calidad de vida. El informe final indica que son dos los efectos provechosos fundamentales, a saber, el abordaje de las situaciones difíciles de la vida y el desarrollo de los talentos por el descubrimiento del sentido de la vida.

Los factores que influyen en dichos beneficios son cinco: el descubrimiento del sentido de la vida que nos indica de dónde venimos y hacia dónde tenemos que caminar, las relaciones sociales basadas en la fe que sirven de enriquecimiento mutuo, el compromiso comunitario y cívico al que conducen las instituciones cristianas en las que nos movemos (parroquia, colegio, familia, residencia, etc.), la estabilidad estructura que se deriva de esa pertenencia institucional y, por último, la plenitud que aporta el trabajo para quien lo vive como responsabilidad encomendada por Dios.

Evidentemente, podría surgirnos la tentación de querer aprovecharnos de una manera pragmática de estos beneficios, de manera que vivamos nuestra dimensión religiosa de una manera interesada. Esto es lo que nos ofrecen las falsas espiritualidades modernas vinculadas al fenómeno de la nueva era.

Pero el cristiano sabe que la vida cristiana es una vida de amistad con Cristo vivo y resucitado en la que no se busca directamente la felicidad y la salud -corporal o espiritual-, sino en la que éstas se obtienen como consecuencia de esa amistad con el que ha de ser nuestro Médico y Salvador.

Por eso, hemos de cuidarnos mucho de caer en la tentación del antiguo refrán castellano, ”por el interés te quiero Andrés”, y centrar nuestra vida cristiana en el amor a Cristo y a nuestro prójimo.

4 de febrero de 2024.