El pasado domingo contemplamos a Jesús realizando todo tipo de curaciones, sanando a los enfermos y liberando del poder del demonio. Él hace las veces de médico para con nosotros, médico del cuerpo y del alma. Jesús nos sana corporal y espiritualmente.
Evangelio del VI Domingo del T. Ordinario 2024 (B)
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó
Moisés, para que les sirva de testimonio.»Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Mc 1, 40-45
Jesús nos sana corporal y espiritualmente
En el evangelio de este domingo, continuación del anterior, aparece sanando a un leproso. Éste acude a Jesús y le pide con fe la curación: “Si quieres puedes curarme”.
Teófilo de Antioquía, uno de los padres griegos de la Iglesia, comenta este pasaje indicando que el leproso no le dice al Señor que si quiere puede rogar a Dios para que le cure, sino que directamente lo toma a Él por Dios y le pide la curación. Verdaderamente, Jesús es nuestro Médico con mayúsculas. A él debemos de acudir en todo momento para que nos libere de nuestros males corporales y espirituales, y nos lleve a la vida eterna.
Sanación progresiva
Pero de modo ordinario, la sanación de Jesús no sucede en nosotros de repente, sino que es un proceso purificador que lleva toda la vida y que culmina con nuestro paso de este mundo a la casa del Padre.
Es más, si llegado ese momento no somos aún santos, es decir, no estamos aún preparados para el encuentro con Dios, entonces hemos de pasar por el fuego purificador del purgatorio en el que Jesús tiene que seguir realizando en nosotros esa tarea de sanación total necesario poder contemplar a Dios para siempre (el cielo).
Dos cosas importantes se aprecian también en este evangelio. Por un lado, el hecho de que Jesús pidiera al leproso que fuera al templo en busca del sacerdote nos indica que la sanación que Jesús va realizando en nosotros no se realiza al margen De la Iglesia, sino que él nos va introduciendo cada vez más en la vida eclesial.
Por otro lado, en el evangelio se aprecia también como la obra que Jesús va realizando en nosotros ha de llevarnos a ser sus testigos de palabra y de obra, al igual que a este leproso que, una vez curado, no pudo dejar de manifestar públicamente lo que Jesús había hecho por él.
11 de febrero de 2024.