Con la celebración del pasado miércoles de ceniza dio comienzo el tiempo de la Cuaresma, el tiempo penitencial que nos propone la Iglesia para prepararnos convenientemente a la Pascua del Señor: su pasión, muerte y resurrección.
Evangelio del I Domingo de Cuaresma 2024 (B)
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Mc 1, 12-15
Prepararnos convenientemente a la Pascua
¿Qué significa exactamente la palabra penitencia? ¿Cómo la ha entendido y vivido la Iglesia a lo largo de los siglos? Pues hay que decir que el conjunto de la tradición cristiana la ha entendido siempre en un doble sentido.
Significado de la penitencia
En primer lugar está la penitencia interna, conocida comúnmente como el espíritu de conversión. Es la invitación que nos hace hoy el Señor –“Convertíos y creed en el Evangelio”– y que consiste fundamentalmente en dolerse de nuestros pecados con el firme propósito de no cometer aquellos ni otros. Este dolor no tiene necesariamente que sentirse, sino que es una firme convicción de lo bueno que es el Señor con nosotros y de lo mal que le hemos tratado nosotros a Él.
En segundo lugar está la penitencia externa o la práctica penitencial, que tiene que ser fruto de la primera y que consiste fundamentalmente en el castigo que el cristiano se aplica a sí mismo debido a los pecados cometidos, los propios y los ajenos. Es la invitación que también nos hace hoy el Señor para que entremos con Él en el desierto cuaresmal, y cuya vivencia la tradición cristiana ha agrupado siempre en las conocidas prácticas de la oración, el ayuno y la limosna.
Razones para la penitencia
Y ¿cuáles son las motivaciones por las que ha de vivir el cristiano estas prácticas cuaresmales? o ¿qué efectos, para sí o para los demás, ha de buscar en ellas? San Ignacio de Loyola lo resume maravillosamente en tres. Primero, para que surja en nosotros la primera penitencia, es decir, la interna o dolor de los pecados o conversión. Segundo para implorar alguna gracia que necesitamos. Y tercero, para pedir luz al Señor en los momentos en los cuáles no vemos con claridad cuál es su voluntad y, poder así, realizar un discernimiento según su espíritu.
Es evidente que si nosotros nos decidimos a entrar en el desierto cuaresmal con espíritu de conversión, no nos faltarán como al Señor las tentaciones -que aparecen también en el evangelio de hoy-. Pero no hemos de olvidar que Jesús, aún no teniendo necesidad de conversión, quiso introducirse en el desierto cuaresmal y padecer las tentaciones para que con la fuerza de su victoria y su compañía pudiésemos vencer también nosotros fácilmente nuestra vivencia cuaresmal.
18 de febrero de 2024.