Seguimos recorriendo el itinerario cuaresmal que nos llevará a la celebración de la Pascua del Señor. En este domingo, Jesús es reconocido por los samaritanos como el Salvador del mundo.
Evangelio del III Domingo de Cuaresma 2024 (A1Aunque este año forma parte del Ciclo B, he querido elegir el evangelio de la Samaritana del Ciclo A, elección que la liturgia permite para este III Domingo de Cuaresma)
En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice «dame de beber», le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
Jn 4, 5-15.19b-26.39a.40-42
El Salvador del mundo
En efecto, después del encuentro del Señor con los samaritanos, y gracias al testimonio de la mujer samaritana, estos le reconocen como Salvador, como el Mesías y el Cristo que ellos y el Pueblo de Israel estaban esperando.
La samaritana se sorprendió por la petición que le hizo Jesús –“dame de beber”– porque los samaritanos y los judíos no se hablaban entre sí. Sin embargo, mayor fue su sorpresa cuando Jesús le ofreció un agua viva, que él le ofrece como don de Dios, y que saciaría su sed para siempre.
Aunque, al principio, ella piensa en una especie de fuente de agua material que le permita no tener que volver nunca más al pozo por agua, pronto comprenderá que Jesús le está hablando del agua de la salvación, la felicidad plena y la vida eterna.
Jesucristo aparece ante la samaritana como aquel que puede restaurar su corazón herido por sus múltiples matrimonios, aquel que puede traer la unión entre judíos y samaritanos, y aquel que puede salvar al mundo entero.
La paz en el mundo
Hoy más que nunca, cada uno de nosotros necesita a Jesucristo, el mundo entero lo necesita. En este mundo herido por el pecado siempre existirán desavenencias entre los hombres y guerras entre los pueblos. Así ha sido siempre. Sin embargo, en este momento vivimos uno de esos momentos de la historia que es de especial confrontación.
De hecho, las noticias nos indican que estamos en un momento prebélico mundial. Según las últimas noticias, el crecimiento armamentístico en el mundo ha crecido en el año 2023 un 9%. Y si observamos los periódicos, ahora fundamentalmente digitales, todos han incluido una sección periodística nueva que es la de defensa, donde se nos habla de armamento, aviones y barcos de combate, etc.
Entre todas las causas posibles de esta situación, el cristiano tiene una luz especial -la de la fe- que le permite mirar más profundamente para descubrir la verdadera causa del problema, que no es otra que el alejamiento de los corazones de los hombres y de nuestras sociedades respecto de Dios.
Por tanto, la solución reside en la conversión de los corazones, en la vuelta a Dios. Una conversión que tiene que empezar por cada uno de nosotros de manera particular. Además, es urgentemente necesario, que hoy más que nunca recemos por la paz en el mundo, pues esta es siempre un don que solo Dios puede darnos
En el Salmo responsorial de este domingo, la Palabra de Dios nos interpela diciéndonos a toda la humanidad: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. No endurezcáis vuestro corazón”.
3 de marzo de 2024.
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- 1Aunque este año forma parte del Ciclo B, he querido elegir el evangelio de la Samaritana del Ciclo A, elección que la liturgia permite para este III Domingo de Cuaresma