La vida es un don de Dios e incluso Cristo mismo vive su vida humana como un don que Dios Padre le ha dado para entregarlo como ofrenda de amor a Él y a los hombres.
Evangelio del III Domingo de Pascua 2024 (B)
En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?».
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».
Lc 24, 35-48
El evangelio de este III Domingo de Pascua comienza con la llegada al cenáculo de los discípulos de Emaús, después de su encuentro con Cristo Resucitado, al que reconocieron al partir el pan. Atraídos por Cristo vuelven a la comunidad de la que se habían alejado y lo hacen danto testimonio de Cristo vive.
Y estando allí presentes junto a los apóstoles se les mostró Jesús Resucitado que por un lado les muestra sus llagas gloriosas y, por otro lado, les recuerda que tenía que cumplirse la Escritura y las palabras que él les había dicho, “que era necesario que el Mesías padeciese, muriese y resucitase al tercer día”. Ambas cosas muestran la profunda unidad del misterio pascual, a saber, que la cruz y la gloria están siempre llamadas complementarse y a llevar la una a la otra.
El término “pascua” significa “paso”, y Jesús realiza su paso de este mundo a la Casa del Padre a través de su pasión, muerte y resurrección. También nosotros, discípulos que seguimos a Cristo hemos de realizar ese paso por el mismo camino, no solo al final de nuestra vida, sino a lo largo de toda la vida en la que vivimos momentos de pasión y de gloria que nos van llevando hacia nuestra pascua definitiva al final de nuestra vida en este mundo.
Jesús lo remarca con la expresión “era necesario”, que nos muestra que nuestra vida, dentro de los márgenes de nuestra libertad, está llamada a vivirse inserta en los planes de Dios para nosotros. Por tanto, la libertad ha de hacerse uso de manera que podamos vivir nuestra vida según la llamada y el sentido que Dios le ha dado desde toda la eternidad.
La vida es un don de Dios
Por eso, la vida es un don de Dios que se nos da para algo, para un fin que hemos de ir descubriendo y acogiendo a lo largo de nuestro paso por este mundo, en definitiva, para entregarla a Dios haciéndola rendir como un talento. Solo Dios es dueño de la vida y por eso decimos que es sagrada.
Por tanto, cuando hablamos del derecho a la vida, tanto si se trata de la nuestra como de la de los demás, hemos de entenderlo en el sentido de ser algo que hemos de respetar por ser un regalo de Dios. Pero nunca puede entenderse ese derecho en sentido absoluto como si pudiésemos disponer de ella a nuestro antojo, ni de la nuestra ni de la de los demás. De ahí que no puede ni podrá nunca existir, sea quien lo diga o lo legisle, un derecho a eliminar la vida humana, entiéndase aquí, el aborto, la eutanasia, etc.
14 de abril de 2024.