La indefectibilidad de la Iglesia

La indefectibilidad de la Iglesia

La indefectibilidad es una de las características más propias de la Iglesia. De hecho, el diccionario de la RAE afirma que es esta una cualidad especialmente referida a la Iglesia Católica.

Evangelio del XII Domingo del T. Ordinario 2024 (B)

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla».

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal.

Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar:  «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».

Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

Mc 4, 35-41

Según el diccionario, la palabra indefectibilidad significa que no puede faltar o dejar de ser, es decir, que no puede perecer o desaparecer. Esto es lo que quiso decir el Señor cuando, en la confirmación de Pedro como cabeza de la Iglesia, afirmó que el poder del infierno no la derrotaría1cf. Mt 16, 13-20.

La barca de la Iglesia

Es muy común el uso de la imagen de una barca para referirse al misterio de la Iglesia. Esto se debe a que en los evangelios son numerosas las veces en las que Jesús aparece junto a sus discípulos navegando en una barca o, como aparece en este capítulo cuarto de san Marcos, subido a ella para poder predicar así a la multitud.

La Iglesia como barca es una realidad que navega hacia el destino de la patria celeste, conducida por un patrón -Jesucristo-, que la conduce y la defiende de las dificultades propias del viaje, como son las oscuridades, las persecuciones y el pecado de sus miembros.

El milagro de la calma de la tempestad

Comienza el evangelista san Marcos en ese capítulo cuarto indicando que Jesús tuvo que subirse a una barca para poder predicar a la multitud ingente que le buscaba para escucharle.

Al atardecer, una vez finalizada su predicación, Jesús pidió a los apóstoles que dirigieran la barca hacia la otra orilla, dejando a la multitud y adentrándose con él en la soledad de la mar. 

El evangelista relata que, mientras que Jesús dormía, se levantó un fuerte temporal que amenazaba con hundir la barca.

Los Santos Padres comentan este pasaje indicando que Jesús permitió esta prueba por dos razones fundamentales. La primera, para que los apóstoles no se enorgulleciesen por el éxito de la predicación ante la multitud de personas que le habían escuchado. La segunda, para que experimentasen su fragilidad y, por tanto, la necesidad de Jesucristo y de su gracia.

Ellos, que habían contemplado ya numerosos milagros del Señor, pensaron asustados que Jesús dormía despreocupado de su suerte ante la tempestad.

En cuanto lo despertaron, Jesús calmó la tempestad y les reprochó su falta de fe. 

Significado de la dormición del Señor

Es común entre los Santos Padres interpretar el sueño y el despertar del Señor en clave pascual. 

Duerme el Señor, significando su Pasión y Muerte, porque es necesario librarlos del mal mediante su sacrificio redentor. Ellos se ven en la tribulación sin esperanza, pero Él despierta, significando así su Resurrección, que los libra de la tempestad del pecado y de la muerte.

La indefectibilidad de la Iglesia

Por tanto, afirmar la indefectibilidad de la Iglesia significa creer que la barca de la Iglesia no perecerá jamás, a pesar de todos los peligros que la acechan.

Jesucristo la conduce con seguridad por los derroteros de la historia humana que él, por su misterio pascual, ha convertido en historia de salvación.

Quizás muchas veces deseamos una Iglesia y una vida cristiana de éxitos evangelizadores, sin embargo, aunque a veces pueda dar la impresión de que la Iglesia parece perecer en este mundo, hemos de creer con fe que Jesucristo la cuida y protege siempre llevándola a buen puerto.

Prefacio Dominical X

El prefacio número diez para los domingos que narra la acción del Espíritu Santo en la Iglesia describe admirablemente esta acción de Dios en la Iglesia, a la que se refiere como nave o barca. También describe la oración de la misma en las dificultades.

Tú nos concedes lo que más conviene en cada momento
y diriges sabiamente la nave de tu Iglesia
asistiéndola siempre con la fuerza del Espíritu Santo;
para que, con un corazón siempre dócil a tu voluntad,
no abandone la plegaria en las dificultades
ni la acción de gracias en las alegrías,
por Cristo, Señor nuestro.

Prefacio dominical X

23 de junio de 2024.

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  • 1
    cf. Mt 16, 13-20