A los tres consejos que el Señor nos dio el pasado domingo para llevar a cabo la misión evangelizadora de la Iglesia en nuestras vidas, añade hoy el consejo más importante para la misión: la importancia de la oración y la unión con Él.
Evangelio del XVI Domingo del T. Ordinario 2024 (B)
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
Mc 6, 30-34
Continua el evangelio del pasado domingo narrándonos el regreso de los apóstoles de la misión a la que el Señor les había enviado de dos en dos. Ellos aparecen muy contentos por los frutos obtenidos con todo lo que habían hecho y enseñado.
El consejo más importante para la misión
San Mateo indica que “eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer”. Ante esto, Jesús les dijo: “Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco”.
Esto nos parece lógico. Después de la dura jornada corresponde el merecido descanso. Sin embargo, tanto el sacerdote como el bautizado pueden caer en la tentación del activismo, es decir, de dedicar excesivo esfuerzo y tiempo a la evangelización en comparación con el que dedicamos al descanso, tanto corporal como espiritual.
El cansancio corporal es muy palpable anímicamente, por lo que tendemos a dejarlo menos de lado. En cambio, el espiritual es más difícil de notar y, por eso, hemos de estar muy atentos para cuidarlo al igual que lo hacemos con el corporal.
Ese descanso espiritual ha de hacerse en la oración, que es trato de amistad con Cristo Jesús. Por eso, después de la misión, el Señor buscó un sitio escondido al margen de la multitud de la gente para que pudiesen estar un tiempo a solas con él, cuidando el corazón y la amistad con él.
Por otro lado, estar con Jesús a solas en la oración no solo nos proporciona el descanso espiritual necesario, sino que nos llena el corazón del amor de Dios que tenemos que llevar a los demás. Nunca hemos de olvidar que nadie puede dar de lo que no tiene y que, por eso, para dar a Cristo es necesario que primero nos llenemos nosotros de él.
La misión no ha de ser en detrimento de la unión con Dios
Notemos en el evangelio que Jesús, a pesar de su pena porque la gente que tenía necesidad de él era multitud y “andaban como ovejas que no tienen pastor”, no prescinde de ese descanso corporal y espiritual que era tan necesario para los apóstoles después de la misión.
Por tanto, una auténtica vida cristiana no solo ha de cuidar su dimensión horizontal, por la que amamos a los demás siendo testigos ante ellos de Jesucristo, sino que también hemos de cuidar su dimensión vertical, por la que amamos a Dios sobre todas las cosas cuidando la amistad con Jesucristo.
21 de julio de 2024.