El evangelio de este XVII domingo del tiempo ordinario, junto con el resto de las lecturas, nos muestra el cuidado que Dios tiene de nosotros.
Evangelio del XVII Domingo del T. Ordinario 2024 (B)
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?». Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».
Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Jn 6, 1-15
El signo de la multiplicación de los panes y los peces
Sin duda que la multiplicación de los panes que aparece al comienzo del capítulo seis del evangelio de san Juan, denominado como el discurso del pan de vida, es uno de los hechos de Jesús que más impacto tuvieron sobre las personas que lo conocieron.
Muchos fueron los milagros del Señor, pero la multiplicación de los panes y los peces fue el detonante por el cual quisieron proclamar rey a Jesús. La misma iconografía cristiana, especialmente la de los enterramientos de los primeros siglos, quedó marcada con el signo del pez y del cesto de los cinco panes.
Por otro lado, sabemos que san Juan no habla de milagros, sino de signos, porque para él cada hecho milagroso del Señor tiene siempre una referencia a otra realidad espiritual mucho mayor con la que el Señor quiere decirnos algo más profundo.
Así, por ejemplo, el signo de la multiplicación de los panes nos remite al alimento de la Eucaristía que es alimento sobrenatural que nos sacia plenamente: “El que come mi pan y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”1Jn 6, 54.
El cuidado que Dios tiene de nosotros
De este modo, vemos el cuidado que Dios tiene de nosotros, dándonos todo lo necesario para poder vivir y subsistir corporal y espiritualmente. El capítulo seis del evangelio de san Juan, cuyos primeros versículos aparecen en el evangelio de este domingo, se inicia con el hecho de la alimentación corporal de las personas que seguían a Jesús, pero el final de dicho capítulo es el anuncio de un alimento espiritual que él quiere darnos, que es su cuerpo y su sangre como alimento de vida eterna.
La Palabra de Dios nos dice, por un lado, que el hombre está llamado a comer con el sudor de su frente2ref. Gn 3, 19 porque ha de procurarse su alimento y subsistencia como una tarea a realizar y, por otro lado, el salmo nos dice que no hay nada que no sea un don de Dios: “Abres tú la mano y nos sacias de tus bienes”. Así, por ejemplo, en este evangelio aparecen unos pocos panes y peces que ponen los discípulos -tarea-, pero que han de ser multiplicados -don- por Jesucristo para que puedan saciar plenamente a todos.
Qué hermoso sería que cada acción en nuestra vida fuese reconocida por nosotros como algo que solo es posible por la acción de Dios y que, además, es bueno que le encomendemos a Él para que lo bendiga y lo haga fructificar, por ejemplo, la bendición de los alimentos al comenzar nuestras comidas.
Sintámonos cuidados por Dios y vivamos siempre con profundo agradecimiento por todo lo que recibimos de Él
28 de julio de 2024.
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- 1Jn 6, 54
- 2ref. Gn 3, 19