El cenáculo, en el cual Cristo celebró la última cena, es la imagen de la Iglesia donde siempre y principalmente encontramos a Jesucristo vivo y resucitado. De ahí la importancia de permanecer siempre en la Iglesia.
Evangelio del IV Domingo de Pascua 2023 (A)
En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
Jn 10, 1-10
Permanecer siempre en la Iglesia
En efecto, Cristo instituyó la Iglesia y, en su pasión, muerte y resurrección, se unió a ella como el esposo a la esposa, formando con ella una e indisoluble unidad y, por tanto, solo junto a ella podemos encontrarle a Él.
Lo hemos visto en los últimos domingos, donde aparece el apóstol Tomás que no pudo encontrarse con el resucitado hasta que regresó al cenáculo con el resto de los apóstoles. También lo hemos visto, cuando Jesús tuvo que salir al encuentro de los discípulos de Emaús para atraerlos de nuevo a la comunidad cristiana reunida en el cenáculo.
Sentidos del término Iglesia
El término Iglesia es analógico, es decir, que puede tener varios sentidos. Así, por ejemplo, lo usamos para referirnos al edificio en el que nos reunimos los cristianos. También lo empleamos para referirnos al conjunto de los bautizados. Y, por último, lo aplicamos frecuentemente para referirnos al Papa, los obispos y los sacerdotes, a los que denominamos de forma conjunta como la jerarquía de la Iglesia.
La Iglesia es jerárquica
Este último uso del término puede ser correcto cuando por Jerarquía entendemos a toda la Iglesia, pues toda la Iglesia es jerárquica. Sin embargo, ese uso es menos apropiado cuando nos referimos solo a aquellos miembros de la Iglesia a los que, por el sacramento del orden sacerdotal, Cristo ha llamado a ejercer el ministerio del gobierno dentro de la misma.
Cuando hacemos ese uso inapropiado del término, aunque todos nos entendamos, podemos caer en la tentación de pensar que la Iglesia solo está formada por esos ministros, como si el resto de bautizados no formaran parte de ella.
Todos los bautizados formamos parte de la Iglesia y participamos de una misma dignidad, la de ser hijos de Dios en Cristo Jesús. Además, y sin quitar un ápice a esa dignidad, algunos hombres han recibido por el orden sacerdotal una dignidad altísima que, haciéndoles partícipes del sacerdocio ministerial de Cristo, reciben de él la triple misión de enseñar, santificar y gobernar al Pueblo de Dios que es la Iglesia.
Así pues, toda la Iglesia es jerárquica y, aunque en Ella encontremos una altura posicional que va desde Cristo hasta los fieles laicos, pasando por el Papa, los obispos y los sacerdotes, esa altura solo puede entenderse desde el amor y el servicio, siguiendo las palabras del Maestro: “Yo no he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida en rescate por muchos”1Mt 20, 28, y también “Quien quiera ser primero que se haga último”2Mc 9, 35.
Por otro lado, siguiendo las palabras del Señor “A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá”3Lc 12, 48, es evidente que el ministerio sacerdotal implica una llamada a una vida de identificación plena con el Maestro y, por eso, el mal ejemplo de sacerdotes y obispos que no son fieles imitadores de Jesucristo en la verdad, el servicio y el amor, se convierte en escándalo y piedra de tropiezo tanto para los cristianos como para los que no lo son.
La Iglesia, rebaño de Cristo Buen Pastor
Todo lo anterior lo vemos reflejado en el evangelio de este domingo, en el cual Jesús compara la Iglesia con un rebaño en el que las ovejas somos todos los bautizados y donde él es “la puerta del rebaño”.
Todos los bautizados formamos parte de ese rebaño en el que Cristo es la puerta y Buen Pastor.
También hay unos pastores a los que él encomienda el cuidado del rebaño. Estos son aquellos que entran por esa puerta, es decir, que se identifican con él. Los que no entran por él son bandidos y ladrones.
Pidamos al Señor permanecer siempre en la Iglesia, rebaño de Cristo. Y oremos por los sacerdotes para que sean viva imagen de Cristo Buen Pastor.
30 de abril de 2023.
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- 1Mt 20, 28
- 2Mc 9, 35
- 3Lc 12, 48