Si el domingo pasado veíamos el diferente modo de pensar que existe entre Dios y el hombre, este domingo podemos fijarnos en un ejemplo concreto, el del sentido que Dios da a la justicia.
Evangelio del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». Él le contestó: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor». Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron: «El primero».
Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creisteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creisteis».
Mt 21, 28-32
En primer lugar, conviene indicar el significado del término justicia.
La definición clásica greco-romana es la de “dar a cada uno lo que le corresponde” en lo individual, y la de “restablecer el orden destruido” en lo social. Es evidente que Dios cumple a la perfección con esta definición, porque sabemos que él remunerará al final de la vida a cada hombre según haya vivido en este mundo y restablecerá todas las cosas a su orden original: “Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos”1Mt 25, 32.
Sin embargo, el término justicia tiene un sentido mucho más antiguo, el bíblico, según el cual la justicia hace referencia a la santidad de Dios, de manera que hacer justicia significa “santificar” o “hacer que las cosas sean santas según la santidad de Dios”: “Seréis santos porque yo soy santo”2I Pe 1, 16.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la justicia en Dios siempre va unida a su misericordia, de manera que no son opuestas sino complementarias, incluso una sola y una misma cosa.
Sucede, por tanto, que si olvidamos estas dos cosas respecto de la justicia de Dios, nos puede pasar como a los sacerdotes y ancianos del pueblo que aparecen en el evangelio de este domingo, que no entendían que una persona pecadora pudiese dejar de ser pecadora y que ya no se le debiese tener en cuenta su pecado.
La justicia según Dios
En efecto, la justicia de Dios busca la conversión-santificación de los hombres y, en ese sentido, sin restar importancia al tema del pecado, lo que Dios busca es que finalmente el hombre encuentre, arrepentido de sus pecados, la salvación que Él quiere darle: “Yo no me complazco en la muerte del pecador, sino en que el pecador se convierta de su conducta y viva”3Ez 33, 11. Por eso, si el pecador se arrepiente de sus pecados, Dios con su misericordia lo perdonará siempre.
¿Cómo entender entonces el restablecimiento de la justicia? Pues en cuanto a la justicia entendida según el modo clásico, también Dios cumple con ella, aunque esto lo hace, no a costa del hombre, sino entregando a su Hijo único que por su infinito amor sana la infinita maldad de todos los pecados de la humanidad.
1 de octubre de 2023.
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- 1Mt 25, 32
- 2I Pe 1, 16
- 3Ez 33, 11